poderna

3 de noviembre de 1985

Empezaron por recuperar los sábados tarde y acabaron por ponerle a trabajar en el turno de los domingos por la noche. En cuestión de tres o cuatro años, le habían quitado los fines de semana junto a su familia (en aquellas fechas, mujer y dos hijos) y...

Octubre de 1985

Aquella noche de finales de octubre de 1985 no hubo luces en el cielo de Sant Mena, ni estruendo de voces en las montañas cercanas. Se produjo, sin embargo, una pequeña bajada de tensión en la red eléctrica, semejante, en su duración, a un bostezo grotesco y...

CANTO XLIV

HA CAÍDO MOLEDO en tu baranda

y tú has creído que eran las vestales

del Tiempo y sus ofrendas.

Porque Moledo en ti son sólo libros

de historia rigurosa y datos ciertos.

Pero Nihil ya corre por las venas

de tu insomnio de Malla y el insomnio

carcomido en las sábanas sin sueño.

Y buscas...

Historia del viejo del guardacantón II-VI

Amades, Costumari català, Barcelona, Salvat Editores, 1950, tomo IIII, página 340, detalle del carro d'en Dalmau.

A primeros de año nuevo, cargó el carro...

Égloga VII

El verano arrebata los jardines

con su humedad plomiza y castradora,

unos largos jardines de cipreses

del chalet de los tíos de Silvano.

Las sombras del caviar y del champán

retozan al clamor del oropel,

y un banquete de cifras soberanas

(estatua griega y columnata blanca)

cubre la corte de perlas preñadas.

GAVILÁN

Pues no veas...

Historia del viejo del guardacantón II-V

Bartholomaeus Anglicus, De propietatibus rerum en romance, Toledo, Gaspar de Ávila, 1529, detalle de la estampa del folio K4v, y Les bruixes catalanes, Los libros del cuentamiedos, 2009, grabado de la página 99.

Durmieron. La vaca les permitió soñar hasta bien entrada la mañana. El gallo, no...

A K, hombre de perfil

Es por estos pasillos,

los pasadizos blancos donde la pena absorta

y el secreto del cáncer contemplo ensimismado,

donde me acuerdo

de tus nocturnidades y de tus grandes mármoles.

Siempre te tuve un gran respeto de pirámide

hasta que anduve a oscuras tus secretos demóticos,

tus...

Historia del viejo del guardacantón II-IIII

Amades, Costumari català, Barcelona, Salvat Editores, 1950, tomo III, página 851.

Una mañana temprano lo sacó de allí el hombrecillo colorado de la ramita de hinojo dulce en la...

Historia del viejo del guardacantón II-III

Amades, Costumari català, Barcelona, Salvat Editores, 1950, tomo I, página 325.

Poco después llegó el invierno. El bosque, una mañana, amaneció nevado. Bonaventura, más que verlo, lo not...

Maria

Felixmüller, Liebespaar von Dresden, 1928, detalle de la muchacha.

Ella estaba allí. Le costaba creerlo, pero ella se había aparecido a continuación de la página de su libro y se llegaba hasta él, a su encuentro.

Historia del viejo del guardacantón II-II

Al día siguiente no llovió. Al otro, Bonaventura se levantó dispuesto a reparar el tejado con los tablones que habían dejado en el salón. Dio...

Historia del viejo del guardacantón II-I

El soldado Bonaventura escapó del campamento militar donde le tenían destinado durante el sosiego de una guardia ordinaria, a primera hora de la...

El gul de Sentmenat

Reja, Fotomontaje del gul de Sentmenat, 2011.

Las profanaciones de tumbas en el cementerio de Sentmenat durante los meses de otoño de 1999 guardan una singular relación con la desaparición de Gustau T. a...

Historia del viejo del guardacantón I

Amades, Costumari català, Barcelona, Salvat Editores, 1950, tomo II, página 217.

Bonaventura nació pobre. Fue en una mañana de primavera, en los tiempos en que se levantaban fábricas para el provecho de los hombres en los arrabales...

Flor varia de leyendas

Puvis de Chavannes, Otoño, 1865.

Odre viejo de cuentos. Postales del barrio.

Muerte del viejo del guardacantón

Hace días que el viejo no está en el guardacantón. Después de muchos años, la esquina está vacía. Diría que sola. L'Aleix piensa, al pasar por su lado, que el viejo estará metido en su cama, tapado con mantas y con algo de fiebre. Le imagina una...

Balada del carro bávaro

Hinein, hinein, que vienen, que han llegado.

Un silencio de paja por las cuadras

lejanas.

Han venido en la noche, y han dejado

sólo el heno

de las caballerizas.

Han venido en la noche de los bancos

con los motores...

CANTO XXVIII

Un paraíso nuevo cada día

porque “Noticia de última hora: el esforzarse

no da frutos a todos.” Y bajo las arcadas,

tras las tapias, el Palo Bubónico contagia

sobre todo a los jóvenes que temen, más que nada

el sudor y la fiebre del trabajo sin sueldo.

Ricolf y Gangalot asomados al borde

del...

La Llovera d'en Manolo

Hugué, La Llovera, 1910.

Ahí llega la vieja Llovera, la vieja hedionda y la vieja huraña, con su pañuelo en la cabeza y la escarcha de años en el mantón. Entra al nuevo siglo como un vestigio antiguo, como un pedazo de otro tiempo que abandona la corriente en la...

CANTO XXVII

Observa a su marido desmoronar los ojos

allá arriba en la torre,

mientras quita la tierra de las coles, las mete

en el capazo, luego, las ordena

en el capazo, luego, coge de nuevo coles

y les quita la tierra, de nuevo, luego, mira

de nuevo hacia la torre, donde ya no hay...

La finestra del call

Roís de Corella, Historia de Josef, Valencia, Alfonso de Orta, 1500, letra capital e.

scribe el escriba de espaldas a la norma «Axí com cell / qui'n lo ſom nis de lita», mientras piensa las carnes gruesas de la manceba. Piensa los senos prietos, los...

CANTO XXVI

CARPE, sí, CARPE, lo que importa es CARPE.

Todos en procesión al CARPE DIEM.

Pero ella en casa, un ovillo gris

de lágrimas.

Un ovillo olvidado de camino

a las fiestas del CARPE, porque el novio,

su primer novio para siempre fue

a llevar a su amiga, a la fea.

¿Y qué va a ser...

Roc, bandido

Redon, Tras la ejecución, 1877.

Del salvaje Roc se decía que tomaba lo que quería cuando quería y que lo tomaba, si lo quería, a fuerza de cuchillo. Mataba. Mataba sin dudarlo y mataba porque quería matar.

CANTO XXIV

Quiero cantar la alegría del grillo

entre las zarzas negras de Moledo.

Pero Moledo no es un pozo de alegrías

aunque broten a veces como copos de nieve.

No. Moledo amamanta a sus becerros

con la leche amarilla de su teta gastada,

con su leche amarilla y laberíntica,

con su leche cuajada y amarilla.

Malla...

Las teclas de C

Un jinete polaco cruza el bosque

(los abetos altísimos de Schumann)

y cruza la espesura de la noche:

lleva un recado de Lodz a Varsovia.

Cruza piano plazas empedradas

con sordina de cascos y herraduras,

cruza vivace sendas insondables,

cruza y cruza una fuga sin retorno.

A L (en su niebla)

¿Qué quedó del amor, qué del olvido?

Sé que se lo has dicho con el viento, con las nubes, con el tiempo.

Te lo digo sin versos.

Sé que se lo dijiste en la mejilla, en el cuello y de rodillas.

Todos sabemos por tu bigote...

Llibre dels homes

De omine o Llibre dit dels homes, Poderna, Josep R., sine die.

Edición en desarrollo de la obra de Josep R. a cargo de Ernesto Barroso.

CANTO XXIII

En el casino oscuro, la negra lotería,

en el hogar de apuestas, dulce hogar, bienvenidos,

en el desenfreno

voraz de unos colmillos que devoran

los panoramas,

que se lo comen todo: el coño de la puta

y las miradas de envidia del resto.

Y todos, onirantes, fantaseados, putos,

lamiéndose los límites antropomórficos del culo,

los límites...

Vida del salvaje Roc VIII

Finalmente, el salvaje Roc echa abajo la puerta, irrumpe en la celda y la toma en sus brazos:

—Prô quina follia és aquesta?!

Ella, una sombra pálida de la que fuera Caterina, tiembla de pasión.

—R-Roc? Eres tú?

Apenas queda nada del chaval que la pidiera a la ventana del patio...

Vida del salvaje Roc II-III

Escondido entre unas matas de romero, el Roc acecha el sueño del Ros, que sestea lo mismo a media mañana que a media tarde porque es un ganso a cualquier hora del día. Poco más allá, que es a un lado del camino, el Ros ha dejado...

Vida del salvaje Roc I

Cada mañana, de camino a la cantera, el Roc baja el trecho embarrado d'adroguers. Pasa por calderers de mala gana y cruza frente a la ventana que da al patio de los naranjos. La ventana que da al patio de los naranjos está sin reja y suele...

Vida del salvaje Roc IV

Las mujerucas, esta mañana, tuercen casi todas por la calle d'adroguers en busca de la umbría prometida. El julio es caluroso cerca del medio día y, si se aventuran por la callejuela aquella, aunque esté imposible por causa de las obras, se vuelven de seguro con una...

Jettel que te quiero Jettel

Garcilaso de la Perra, Jettel que te quiero Jettel, Cerdanyola del Vallès, La Cesura, 2011.

Obras casi completas de Garcilaso de la Perra. Edición a cargo de Ernesto Barroso.

Soliloquio de la odalisca

Hayez, Odalisca reclinada, 1839.

[…] a una tarde sin apenas tarde, se abre el cielo sin mundo y los dedos de los pies; si mira entre ellos, puede ver el contraluz de cúpulas y minaretes… El dorado inunda el firmamento. El dorado, más dorado, cae dentro —rendido, cuando no agotado— sobre...

L'Aldonça y la monja monstruosa

Lewis, The Monk, 1846, detalle de la monja ensangrentada.

después de aquello. Ya no dormirá. Se sabe en cama ajena y en casa extraña, lejos del hogar materno. Escruta las sombras. Palpa el silencio. No se ve ni se oye nada. Ahora abunda la quietud de la noche en el interior de la celda, pero la...

Aleix, aprendiz de herrero

Masriera, Pájaro de desván, 1898, detalle del retratado.

El amor le arde con fuerza en el pecho. Si mide su fuego con la quemazón en la piel, siente de pronto ternura por las cosas pequeñas del mundo.

Vida del salvaje Roc V

Antes había estado allí con una tal Carla, Camila o Carola. Lo recuerda bien, por las pecas en las tetas. Era de un rojo encendido y se ofrecía con gusto, la lengua muy jugosa y tierna fuera de la boca. Tuvieron que salir del local entre empujones...

Vida del salvaje Roc VII

Hay un rastro vivísimo de vísceras que lleva del vientre ensangrentado de la ermita a la hoguera. Los restos de la profanación están esparcidos por el suelo del descampado: patas de banco, pedazos del altar y pliegos de legajos que vuelan en la noche. El viento los...

La larva de Castellcir

Reja, Camino a la fuente de la Sauva Negra, 2013.

Los hechos sucedieron como se exponen a continuación. Días antes del siete de diciembre de 1981, la sombra ominosa de la larva se cernió sobre las calles de Castellcir de una manera vaga, imprecisa. A decir de los vecinos de la localidad, una presencia maligna les venía...

La desdicha de la Remei o La determinación de los miserables II

Pichot Gironés, Mercat, 1906-11.

para nada. Dan las diez en el reloj de pared. Hoy era el día. Hoy tenía que ser el día. L'Enric vuelve la vista a los versos de la égloga primera. Afuera, las paredes son las mismas. Todo sigue igual. Ella no llega. Ella, que está por...

Égloga XI

La cera pesarosa de la tarde callada

moquea por las blancas paredes en el cuarto

de Belona enclaustrada, y al punto (pegajoso),

se mete Galatea, que palpa en su figura

las largas, negras crines de alguna cruel enjundia:

un sobrepeso de algas le flota por los ojos

y el áspero fantasma de su...