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I

És per haver-me trobat en el camí
la matinada, davant del teu Peugeot.

Ens esperàvem l’un a l’altre com dos
que s’estan esperant des de fa temps.
Tots els músculs cridaven ja CARPE DIEM
i els tendons i els cabells cridaven SALVE
AMOR, xisclaven albades mil·lenàries.
Vam caure l’un en l’altre com un colp
de pàgines i boscos sense tinta,
i ens vam besar com si ens haguérem ja
besat per primer cop un altre cop,
tantes…

Próximamente

Pues eso.

From P to P (again)

La verdad te supura por los ojos
y no puedes, no quieras, evitarlo.
Poeta, te devoran tus pupilas.
Pasarías sobre ellas tantas veces.
Les censuras la polla a tus alumnas
aunque te busquen, aunque se insinúen.
Pasarías sobre ellas tantas veces.
Les censuras tu carne, te censuras
miradas, te censuras opiniones,
miedo del gas y miedo de los líquidos,
miedo a los átomos que hay en la voz,
a las moléculas de los cerebros.
Pasarías sobre ellas tantas…

A vision of P

Va en busca de la imagen exacta, de los versos
auténticos, certeros, prepara la tormenta:
el descenso secreto a su inframundo.

Pero detrás del mono y de la cáscara,
debajo de los nudos de Jung y de sus vísceras,
encuentra el yo, osado, delincuente mental,
el que grita los versos de la vergüenza, los
versos que no se pueden decir ni murmurar,
y se los grita sin piedad sobre sus huesos.

Vuelve, se vuelve, huye.…

Los ojos de P

Una r�plica enjuta y desva�da,
tus se�oritas blancas, eternas se�oritas,
se�oritas cualesquiera de los tiempos posibles.
Suena en la radio Bowie for one day,
nos sentimos con fuerzas de seguir tu mirada
la vida hecha cartones we could be heroes just
por el hecho de estar rompi�ndonos el �nimo 
ante tus se�oritas en su templo de aristas
y so�amos abrir un nuevo templo al mundo,
abrir este cart�n de vino ya vac�o,
abrirle las aristas,…

A K, hombre de perfil

Es por estos pasillos,
los pasadizos blancos donde la pena absorta
y el secreto del cáncer contemplo ensimismado,
donde me acuerdo
de tus nocturnidades y de tus grandes mármoles.
Siempre te tuve un gran respeto de pirámide
hasta que anduve a oscuras tus secretos demóticos,
tus pórticos de jaspe llenos de jeroglíficos
que callan de repente cuando son renombrados.

Es por estos pasillos
como aquellas callejas sucias.
La tos resuena en esos callejones estrechos, 
una tos hueca…

La cripta de G

La cripta de G
Noches zurdas y viejas correrías
en un sótano-piso adolescente,
noches desparramadas, verborreicas,
las orejas alerta, la nariz
puntiaguda y certera,
los dedos como zorros alborotan
las faldas más bien cortas
de las alegres páginas de alguna
jovencita gramática europea.
Todavía las ves con claridad,
paladeas la nada en ese cuarto
kenosis… sí, ¡kenosis!
Te desgajas del ser y de los seres.
Podría ser mañana, mas el exceso
ha madrugado hoy, ha sido ahora,
ha sido ahora la dura…

Martirio de la Magdalena

Camina por las calles desiertas. Pasa ante puertas y ventanas cerradas al frío. Busca un número y un piso. No da con el sitio. No ve a nadie. No queda un alma. Enero está helando desde primera hora de la mañana y no cabe otra cosa en la calle que aquel silencio sordo, que hiere. Calla. Muerde por doquier. El cielo, si la Magda huye por…

La vuelta de l'Aleix

L'Aleix se patea las llambordes del casco antiguo a media mañana de un martes cualquiera y no repara ni en las meadas, ni en las pintadas, ni en los rotos de las paredes. Está enamorado y apenas toca el suelo que pisa. No hay cielo en las calles del barrio y tampoco lo necesita. L'Aleix siente que se multiplica sin remedio, como si cupiera estarse a…

El Raimon y el hombre de bigotillos

El Raimon arranca un tallo de fonoll y se lo lleva a la boca. Lo chupa con fuerza. Sabe a campo o le parece que es así como debe saber la savia que llena las venas de la tierra. Tiene por cierto que algunas plantas toman su aroma de la carne viva del campo. Cree, aunque se lo calle, que hunden sus raicillas en busca del…

Canción de lluvia para armonio y dos voces

Hace poco caminaban por las calles cerradas y antiguas de la vieja Poderna, llevados por el gozo de haberse encontrado. Iban en paz, felices y en secreto. Ni ella había salido a buscarle, ni él la estaba esperando en un banco de cierta vía conocida de los dos. Ahora, que es poco después, van a la carrera bajo la lluvia. Él corre delante y la lleva…

Las lentejas de la Immaculada

La Immaculada quiere y no quiere tener hijos. Si pierde la cuenta de las lentejas que lleva cribadas, quiere dos niños rubios y gordos como un pan de pagès. Si repara en el número de los granos podridos, no los quiere ni ver, ni a los dos tragones, ni a la niña preciosa que acabaría por entrar un día en casa sin que nadie la llame.…

Albada del taller den Quico

A él, lo que le gusta es lo que viene justo después de correrse, cuando se echan al lado del otro y dejan pasar la urgencia de la carne y de la esperma, por fin derramada. No se lo ha dicho nunca a nadie, es algo así como un secreto chico, pero a él le gusta ese momento quieto, callado, en que el mordisco se duerme…

L'Alfons y los ingenuos de la tierra

Los ingenuos de la tierra pasan frío en invierno y hambre a todas horas. La miseria viste ropas tan diversas como los despojos que otros arrojan y el ingenuo, que no conoce otra vestimenta que sus harapos, tiene las penurias de la vida por cosas tan naturales como la luz del sol y el aire del cielo. Si no se entromete nadie y arruina su condición…

Soliloquio de la malcasada o Diatriba contra el esposo Teodoro

Sostiene el pliego del delito en la mano, un sucio trozo de papel con un puñado de letras impresas, un montón de carácteres apretados, de tipo gótico, más bien rotos y gastados. Con todo, si se quiere, se lee: «la noche q̄ llego la puta de ciento e veynte kg. yo estaua eſperandola. Ella era todo graſa por todas las partes & a de mas, no…

El hombre de Na Celia en tres sueños

que no busquis marit. Ets una dona formosa i no cap a la teva natura la manca d'home al llit. Tens molt de bé a dintre, a les cames i al ventre, i més a sota, i no fóra bo que ho tanquessis tot al viure i al seu discórrer mundanal. Nota com la rosa es marceix a la fosca i faràs el que ara et…

Las lecciones de l'Encarnació

Se añora de hace un rato, cuando estaba metida en la cama y el sol se colaba por la ventana de su habitación. Las sábanas le estaban haciendo mucho bien desde que la había despertado el ruïdo de la hora fabril que lleva a la gente de un sitio para otro. Ha sido espantoso. Aquel trajín, a l'Encarnació, le ha parecido crudo y cruel y ha…

Las cavilaciones del bachiller Joan Pere

Desque el Guiraut abriese la boca para soltar aquello de «la Bertrana, si jo hi vaig, me fa una palla quan li dic versos d'amor», el bachiller Joan Pere se debate fuertemente sobre la quaestio en cuestión: ¿pandémica o celeste? Su amor hacia l'Aldonça es blanco. Si se gasta por las noches, antes de dormir, lo hace pensando en la Juliana, que es repleta de carnes,…

Fábula de don Hurón y el burrico Manuel

A la manera que la soñó Miguelillo, el maestro escuela Es esta la fábula de don Hurón que sale a la mañana al jardín con su sombrero de copa y se encuentra comiendo las sus margaritas al burrico Manuel que lleva malos pelos, pocas pulgas y la taleguilla sin ná. ―Qué es esto? Pero hombre, que me pisa usté las flores! Pero cómo se entra en…

La desmemoria den Pepet

Es la tercera vez, en lo que va de semana, que en Pepet pierde la cuenta de las calles que ha cruzado y todas ellas, a sus años, le parecen la misma o, lo que es lo mismo, la casa de un otro. No es que la suya sea distinta en algo, no es que sea en nada especial, que él sepa, pero sí que le…

El sueño del Bernat

En el camino de vuelta a casa, se ha parado a coger unos espárragos y unas piñas y, como no ha encontrado bonitas las flores del campo, se ha llevado unas ramitas de romero para su mujer. Hace días que la ve un tanto pachucha, como triste, y ya no sabe qué hacerle, más allá de volver cada tarde con un regalo en la talega. Los…

La pena de l'Urgell

El carro sube la cuesta y l'Urgell sólo mira abajo, al puñado triste de casas y calles que deja atrás. Aunque no quiere irse, debe continuar con su vida y con su obra. Ese ha sido siempre su propósito, pero ahora siente que no puede irse de allí. Sabe que debe continuar adelante, pero no quiere otra cosa que bajar. Debe y no quiere, pero debe…

Plano secuencia de las lavanderas

Cuatro arcos para cuatro ventanales. La luz de la mañana rompe en el agua de la pila y su reflejo naufraga a manos de tres jóvenes que frotan y aclaran la ropa que traen en los cestos de mimbre. La espuma se derrama en ondas cada vez más oscuras y el silencio, al fondo, maldice en contra de las voces alegres y distraídas de la Germana,…

Canción de la dulce Bertrana

Desque le hablara su padre muy serio, que busca no encontrar, si anda por ahí con las amigas: «Niña, mira bien lo que te cuento, que, viéndote crecer, temo no estar a tiempo de repetírtelo más que una vez… Una sola, y no más. Mira esta mano y mírala bien. ¿Qué dedos tiene? Cinco. Te queda claro? Cinco. Ahora, advierte que todo se empieza con una…

El Lluís con miedo

El Lluís no se ha quedado en la cama como le han dicho. Ha esperado a que salgan todos de la habitación para escuchar los pasos tras la puerta (los pasos y los murmullos, cada vez más lejos). Después, con la gravedad del silencio, ha salido al pasillo y se ha asomado a la escalera. Sus mayores están abajo. Parecen con pesar, más sombríos. L'àvia Roser…

La condenada de Malpàs

Ninguno se atreve a meterse en aquel callejón. Los tres miran desde la esquina al interior del lugar. Es sombrío. Las paredes de los edificios son tan altas y están tan juntas que impiden el paso a la luz del día. O casi. El cielo, visto desde allí abajo, se antoja demasiado lejos, como en otra parte, y los críos, cuando buscan en puertas y ventanas,…

El Joanet sin sueño

El Joanet no puede dormir. Tiene los ojos tan abiertos que no los puede cerrar. Piensa que debería distraerse pensando en cualquier cosa, pero la verdá es que no tiene en qué pensar y, como no duerme, piensa que no duerme y, pensando que no duerme, no duerme. La luna asoma sobre los tejados. Riela tras un velo espeso de niebla, como en una fantasmagoría de…

Muerte del salvaje Roc

La cabeza de aquel hombre se le aparece a la hora de la cena. Mira el plato de sopa y la ve metida en su gavia, bruta y renegrida. Con los labios cosidos y la mirada perdida en el vacío. Con el cuello cortado y la carne mordida de gangrena. Cierra los ojos y la ve colgada del muro, a las puertas de la ciudad. Está,…

La puta Pura

oooh, és prou freda». «Passa de Tots Sants, fill meu». «Ves… ves amb compte» y la Pura le lava entonces los huevos. A decir verdad, el agua de la palangana está helada. La propia habitación lo está. «Llestos», le suelta cuando acaba, y comienza a quitarse la ropa. El hombrecillo, que espera sentado en el catre, deja de tener frío a medida que la Pura descubre…

La fregona de los Clotet

Todas las mañanas se despierta cuando su madre llama a la puerta de su habitación y anuncia, como en letanía, «nena, és d'hora». Apenas devuelta de otro sueño ciego, se encuentra quieta sobre el colchón, mirando sombras en el techo… Tiene los pies fríos y muy pocas ganas de volver al mundo. Nada nuevo le espera más allá del cobijo de las mantas. Es más, sabe…

La fiebre de l'Enric Clotet

lleva días pensando en ella. Le arden las entrañas. Se quema de mala manera. Y no sabe dónde meterse. Puede ocupar su tiempo con sonetos del Renacimiento o puede tropezar largamente en abruptos consonantes palaciegos, pero su pensamiento vuelve con naturalidad a su cauce y la pasión que le nace en el pecho le abrasa las entrañas y ya no le basta con derramar semén en…

El recuerdo de la Juliana bajo la escalera que lleva del puente viejo al molino

Piensa, al masturbarse en el hueco de la escalera que lleva del puente viejo al molino, en la libertad que la movía a levantar los pies en el aire y dejarse penetrar por aquel pene humilde y suyo. Él, que embestía como un bestia, se vaciaba en unas sacudidas que nunca fueron muchas pero que siempre fueron buenas porque, cuando todavía no había alcanzado a verle…

El ciego de los romances

Llega el ciego de los romances a la plaza del pueblo afirmado en su bastón de roble viejo y, como es en él costumbre, toma asiento en uno de los bancos de piedra para respirar la paz última de la mañana. Muy por encima, luce un día de azul claro en el cielo y el ciego, que mira sin ver, muerde una angustia que la noche…

El apestado de las Cent Cases

Mientras camina. Mientras arrastra los pies. Mientras se empuja al frente. Él sigue aquí, como antes. Mientras le resta el aire. Mientras le muerde las sienes. Mientras le entumece las piernas. Él sigue aquí, como antes. Y la enfermedad, esa pestilencia que ha tomado su cuerpo mortal, le devora los años y los sueños. Le ha vedado el reposo. Le ha arrebatado la paz y, a…

Parlamento de los pechos de la bella Eulàlia

«De bien seguro, habréis oído hablar de los pechos de la bella Eulàlia… ¡Son célebres en el lugar! ¿Pero qué sabréis vosotros, ahora! Ahí, donde la véis, arrancaba fuego a las piedras que la veían pasar… y yo que, con mirarla, la recuerdo… ¡Benditos mis ojos y bendita la memoria de aquellos días! ¡Oh, la Eulàlia! Miradla bien… ¡Qué viva la vida en ella, verdá? Si…

El roig es calma a l'horitzó de llum

El roig es calma a l'horitzó de llum
quan cau roent el sol contra l'onatge,
i encara que invisible el foc ostatge
inflama el mar i l'omple tot de fum.

Així ton cor s'enfonsa pels meus ulls
cridant vermell rere ma boca blava,
burxant-me al tors dos llavis molls de lava
que regalimen flors, alçant-se esculls.

Tauró o sirena acuts als meus arpons,
i entre les cames o als alts cims de ment
pretens desembocar on…

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