poderna

7 de noviembre de 1985

—Pelopo!

—Tu padre, tapón!

El pelopo era el Míguel y el tapón de botella, el Pedro. Dos buenos amigos del 7ºC que se despedían, como casi cada tarde, hasta el día siguiente (en aquella ocasión, un viernes). El Dani V., que volvía del cole con ellos, devolvió el...

La Joana y el muñón donde la pierna

—I si jo perdés una cama?

Diciéndolo, la Joana no espera una respuesta, sino que se ve sentada en una silla, junto a una ventana desnuda (esto es, sin cortina, ni otra cosa que el cristal frío de la mañana). La ventana se encuentra en una sala que...

Diálogo del Cisco y en Fageda a propósito de na Celia al pasar

La lumbre del crepúsculo deja un sabor dulce sobre los tejados de la vieja Poderna y el Cisco, por no oír más a la mujer, se sienta en el escalón de la puerta de casa a fumarse un pitillo. De vez en cuando, si el humo del...

La Marieta y las vidas por vivir

De camino a la prisión donde canta la calandria y responde el ruiseñor, la Marieta se acuerda de la vida cabrera que no vivió. Aquel hombre de la montaña era guapísimo, la verdá, y, a ella, no le hubiese pesado nada amontonar sus retoños a pares en...

Los trancos de F

Miré los miembros toscos de la patria

tuya; sus calles llenas de tus agrias

pullas; tu lengua envenenada, vieja;

tus pasos rotos, cuando no entre rejas.

Diablo claudicante, triste, torvo;

undoso caminante, curvo, loco;

del polvorón sediento de tus versos

salvamos uno hoy, el ceniciento

que...

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Número 30. Mensual. 125 PTS. La pintura (casi fotografía) de la hembra ocupa todo el alto de la portada. Aparece de frente, de tres cuartos, vestida con un corsé y unas braguitas no mucho más blancos que la piel de su cuello, hombros o pecho. No...

4 de noviembre de 1985

Aunque se había levantado de la cama a las cuatro y media de la madrugada, no supo de su vida en Sant Mena hasta que subió la persiana metálica del negocio de sus padres (que entonces ya era suyo). El estruendo que se armó al levantarla rompi...

3 de noviembre de 1985

Empezaron por recuperar los sábados tarde y acabaron por ponerle a trabajar en el turno de los domingos por la noche. En cuestión de tres o cuatro años, le habían quitado los fines de semana junto a su familia (en aquellas fechas, mujer y dos hijos) y...

El endecasílabo del maestro Miguelillo

Viendo el panorama de su clase, el maestro Miguelillo siente que quiere hacer un verso. Pero no le sale nada. No se le ocurre. Y no se le ocurre porque no halla ninguna poesía en la miseria de sus alumnos. La pena, sin embargo, le empuja a...

Octubre de 1985

Aquella noche de finales de octubre de 1985 no hubo luces en el cielo de Sant Mena, ni estruendo de voces en las montañas cercanas. Se produjo, sin embargo, una pequeña bajada de tensión en la red eléctrica, semejante, en su duración, a un bostezo grotesco y...

Nocturno. Fantasía tardoaustríaca.

Habíamos llegado al poblado con la noche. Eran algunos techos bajos, hogares sin apenas lumbre y chimeneas lentas. No había un alma en la calle… Mandé entrar a la tropa.

—Parecen los hombres muy cansados.

También su juventud se agotaba en los cadavéricos ángulos de su cráneo o en...

Las manos de la Montse

Sucede un día cualquiera. La Montse se despierta una mañana en la cama con ganas de besar a otro hombre. Se llama Lluc y se conocen de la plaza. Ella va, él viene. Ella lo saluda, él le da los buenos días. Ella le sonríe (porque le...

La Fineta y el mendrugo de pan seco

La Fineta baja temprano a por el pan y, pasada la plaza mayor, se cruza con el Ros y su señora: «Bon dia». «Bon dia». «Bon dia, adéu». «Adéu, adéu». «A Déu siau» lo espeta, muy seca, la señora del Ros, que es una mujer que acostumbra...

La leyenda de F

Quebrados de llorar, de tan cansados,

dejaron de mirar el campo inmenso

y retomaron el camino a casa.

Supo entonces que no regresaría,

paró sus pasos, se volvió un momento,

quería dar un último vistazo.

Lo acogió la ciudad en su bullicio,

el viejo río...

CANTO XLIV

HA CAÍDO MOLEDO en tu baranda

y tú has creído que eran las vestales

del Tiempo y sus ofrendas.

Porque Moledo en ti son sólo libros

de historia rigurosa y datos ciertos.

Pero Nihil ya corre por las venas

de tu insomnio de Malla y el insomnio

carcomido en las sábanas sin sueño.

Y buscas...

Las ruinas

En este poblado ibero

hoy retumban las cortezas,

deshace el viento los muros

que yacen, toscos, por tierra.

Al sur se inclinan los pinos

y en el mar su verde mezclan,

entre sus muchas agujas

los rayos tibios se cuelan.

Otra vez voy paseando,

otra vez...

Como una puta

Como una puta, te acercaste anoche,

ni en celo, ni mojada, ni el placer

te movía entre sombras hacia mí.

Fue un deseo tan humano, tan práctico

como el deseo de extender la pierna

y encontrar algo más que tanta sábana.

Y te acercaste a m...

CANTO XXVIII

Un paraíso nuevo cada día

porque “Noticia de última hora: el esforzarse

no da frutos a todos.” Y bajo las arcadas,

tras las tapias, el Palo Bubónico contagia

sobre todo a los jóvenes que temen, más que nada

el sudor y la fiebre del trabajo sin sueldo.

Ricolf y Gangalot asomados al borde

del...

CANTO II

Sueñan un feudo sin diezmos afilados,

sueñan sus tierras sin arduas sequías

en nombre de la fe.

Sueñan —y no lo saben— las farolas.

Sueñan el pino grueso y largas sombras

recortando los hábitos sagrados

del feroz monasterio inmaculado

de Sant Cugat. Azada tras azada.

Sueñan...

CANTO XXVII

Observa a su marido desmoronar los ojos

allá arriba en la torre,

mientras quita la tierra de las coles, las mete

en el capazo, luego, las ordena

en el capazo, luego, coge de nuevo coles

y les quita la tierra, de nuevo, luego, mira

de nuevo hacia la torre, donde ya no hay...

Los himnos de M

Esas guirnaldas de escarcha, cebollas

arrancadas del llanto de un cabrero,

que se pudrieron en los grises muros

de una cárcel cualquiera, se murieron

con anhelos tardíos de objeción,

entre sueños de indulto se murieron.

Las paredes selladas de humedades

a cal y...

Como ellos

Me estoy marchando solo, como ellos

también solos un día se marcharon.

Todavía estaréis aquí unos años.

Vosotros que sabéis que así me muero,

nunca dejéis de sonreír un ápice,

aunque la náusea os cabalgue el vientre

o el vientre se encabrite en el recuerdo.

Y...

CANTO XXVI

CARPE, sí, CARPE, lo que importa es CARPE.

Todos en procesión al CARPE DIEM.

Pero ella en casa, un ovillo gris

de lágrimas.

Un ovillo olvidado de camino

a las fiestas del CARPE, porque el novio,

su primer novio para siempre fue

a llevar a su amiga, a la fea.

¿Y qué va a ser...

CANTO XXIV

Quiero cantar la alegría del grillo

entre las zarzas negras de Moledo.

Pero Moledo no es un pozo de alegrías

aunque broten a veces como copos de nieve.

No. Moledo amamanta a sus becerros

con la leche amarilla de su teta gastada,

con su leche amarilla y laberíntica,

con su leche cuajada y amarilla.

Malla...

Llibre dels homes

De omine o Llibre dit dels homes, Poderna, Josep R., sine die.

Edición en desarrollo de la obra de Josep R. a cargo de Ernesto Barroso.

CANTO XXIII

En el casino oscuro, la negra lotería,

en el hogar de apuestas, dulce hogar, bienvenidos,

en el desenfreno

voraz de unos colmillos que devoran

los panoramas,

que se lo comen todo: el coño de la puta

y las miradas de envidia del resto.

Y todos, onirantes, fantaseados, putos,

lamiéndose los límites antropomórficos del culo,

los límites...

Las tribulaciones de la reina pía

Martínez de Ampiés, Libro del Anticristo, Burgos, Fadrique de Basilea, 1497, detalle de la estampa del folio 5 recto.

Lo hablan de cierta reina, muy pía. Yacía junto a su esposo, el rey, una tarde de alcoba cualquiera, y, a medida que el calor nupcial menguaba en sombras, la joven languidecía en pensamientos tristes, voces graves que huían apenas de entre sus labios, encarnados...

Retaule del mestre pintor

Roís de Corella, Historia de Josef, Valencia, Alfonso de Orta, 1500, letra capital te.

eatrillo pobre (el bululú se está dentro) y una voz solemne que anuncia el comienzo de la farsa sobre el trasiego de gentes en la calle. Se abre el telón. El maestro pintor...

MALANDANZAS DEL LOBO CASCARRÓN Y DE LA NIÑA AURORA LANA

En el país de las muñecas,

años hará… ¡qué sé yo!

Vivió una niña de trapo

de puro y fino algodón.

Iba a casa de una amiga,

luego, las dos, de excursión.

Su madre le aconsejaba,

que su madre le advirtió:

"No hables con desconocidos

aunque den buena razón.

Las apariencias engañan

y acaban en...

De los nueve libros de Villena

Les bruixes catalanes, Los libros del cuentamiedos, 2009, grabado de la página 108.

Cuentan las viejas los círculos

alrededor del puchero,

invocando cada estrella,

y con ellas, a sus siervos.

En las aguas espumosas,

las burbujas chorreantes

se hinchan con cada verso,

revientan ruines e infames.

Desmenuzada osamenta

para maniatar los astros.

Si dan bien todas las vueltas,

desatarán a los trasgos.

Otra del sacerdote de Palencia

Entre...

A N, con nostalgia

he encontrado unas palabras

tuyas en unos poemas de Pessoa

las he borrado sin leerlas casi

era un libro de mi padre

sé que no le gustaban las anotaciones

recuerdo cuándo las escribiste

también sé que no te importaría

tú tal vez me entendías

también encuentro mi caligrafía

torpe entre otros versos

jugábamos a los intelectuales

o...

Jettel que te quiero Jettel

Garcilaso de la Perra, Jettel que te quiero Jettel, Cerdanyola del Vallès, La Cesura, 2011.

Obras casi completas de Garcilaso de la Perra. Edición a cargo de Ernesto Barroso.

Fábula de don Hurón y el burrico Manuel

Es esta la fábula de don Hurón que sale a la mañana al jardín con su sombrero de copa y se encuentra comiendo las sus margaritas al burrico Manuel que lleva malos pelos, pocas pulgas y la taleguilla...

Epílogo

Este es de los que no escribió Ernesto Barroso,

pero lo inspiró grandemente.

Rogad por su hipoteca.

Gavà, 17.05.2016

A vision of P

Va en busca de la imagen exacta, de los versos

auténticos, certeros, prepara la tormenta:

el descenso secreto a su inframundo.

Pero detrás del mono y de la cáscara,

debajo de los nudos de Jung y de sus vísceras,

encuentra el yo, osado, delincuente mental,

CANTO III

Seiku, secretamente agradecido,

deja caer sus ojos cartoneros

en picado a los pies de su señor.

Clavan maderos en el grueso tronco,

uno tras otro en la gruesa corteza

del olmo solitario. Clavan, clavan,

enormes gotas de sudor con cada

clavo, cerca de las primeras ramas.

A K, hombre de perfil

Es por estos pasillos,

los pasadizos blancos donde la pena absorta

y el secreto del cáncer contemplo ensimismado,

donde me acuerdo

de tus nocturnidades y de tus grandes mármoles.

Siempre te tuve un gran respeto de pirámide

hasta que anduve a oscuras tus secretos demóticos,

tus...

La cripta de G

Noches zurdas y viejas correrías

en un sótano-piso adolescente,

noches desparramadas, verborreicas,

las orejas alerta, la nariz

puntiaguda y certera,

los dedos como zorros alborotan

las faldas más bien cortas

de las alegres páginas de alguna

jovencita gramática europea.

Todavía las ves con claridad,

paladeas la...

La plaça del forn

Roís de Corella, Historia de Josef, Valencia, Alfonso de Orta, 1500, letra capital e.

stuvo atento a un cielo blanco, sin cuenta, buena parte de la mañana o tarde. Recostado en el guardacantón inmediato a su negocio, se distraía con las telas por siempre tendidas al viento...

CANTO VIII

Las chozas secas del poblado seco,

negras, deshechas, arruinadas, pobres.

Las ramas alargadas como un moco

negro y débil, las cabras alargadas

como pezones viejos y gastados.

Se oye correr la arena del arroyo,

la sombra del arroyo y el murmullo

blando de la sequía.

Pastan...