poderna

El Lluc y la luna larga

de la jornada laboral y se ha pasado todo el día sin ninguna gana de plegar. A última hora, cuando no le iban a decir nada por ponerse a pasar la escoba sobre el mucho serrín del suelo, ha cogido una silla vieja y ha comenzado a...

El Lluc y las ganas de l'Aneta

per'llò de l'altra dia. M'has de perdonar si vaig fe'una mica'l tanoca, dona. Prô pensa que volia trobar-te… I-I pot-potser que begués una mica massa, eh? No't pensis qu'és qualsevol cosa enfilar-se a la teva finestra, Aneta». Luego apura el vaso de un trago y mira a...

Los cuartos traseros de la Montse con giro al final

La Montse baja las escaleras a una voz de la Lleonarda, «c'aquí demanen per tu!». Se ha echado un pañolón por encima y anda descalza, como cuando tenía quince años. Pasa al salón y ve a la tabernera en su mecedora, junto al fuego del hogar: «Qui...

El endecasílabo del maestro Miguelillo

Viendo el panorama de su clase, el maestro Miguelillo siente que quiere hacer un verso. Pero no le sale nada. No se le ocurre. Y no se le ocurre porque no halla ninguna poesía en la miseria de sus alumnos. La pena, sin embargo, le empuja a...

CANTO XXV

En la charca el crepúsculo empalaga las aguas:

la rana busca el beso, los novios el nenúfar,

el mosquito perturba la calma de la balsa,

la antigua dinastía de los grillos inunda

el aire con sus trovas, va inundando el tiempo

y suena la mandanga.

Da...

Diálogo de los borrachos o Las bragas de l'Aneta en el pensamiento

del taller. Desque no está en manos del viejo Umbert, salen cada día un poquito más tarde. Y el viejo Joan Pere, a poco que esté oscureciendo en la calle, se lleva al Lluc a tomar unos vinitos a sitios que él conoce bien. El muchacho no...

Diálogo del Cisco y en Fageda sobre la mujer de uno

—De vegades em miro la dona i penso què coi foto'mb ma vida que no me l'estic follant tot el puto dia…

—Què dius ara, noi?

Esto último lo pregunta el Cisco antes de darle una chupada larga y sentida al cigarrillo. En Fageda, a su lado, no acaba...

Algunas noches de julio

Barroso, Algunas noches de julio, 2019, en base a la «Vista de l'edifici» de Pladevall i Font de 1988.

Incluye tres capítulos de «Los misterios del castillo».

CANTO XXII

Ya caen de las higueras frutos picoteados:

María entre las sombras del día los recoge,

encelada en las sombras, recortada en las ramas.

Malla angosta sus ojos, busca en el horizonte

sobre las negras lomas las estelas por venir,

los siglos por venir, los futuros aviones.

Nota del editor

Fue en una noche de tormenta, en la casa de verano de los Puig, sita en Villamaniscle, cuando este humilde aprendiz de editor se topó con un librito muy viejo y precioso. Corría el mes de agosto del año 2007. Cierta desazón, que me impedía el sueño...

L'Aldonça y la monja monstruosa

Lewis, The Monk, 1846, detalle de la monja ensangrentada.

después de aquello. Ya no dormirá. Se sabe en cama ajena y en casa extraña, lejos del hogar materno. Escruta las sombras. Palpa el silencio. No se ve ni se oye nada. Ahora abunda la quietud de la noche en el interior de la celda, pero la...

El Teo y el ardor de la noria

Finalmente, la Juliana se echa en la hierba y se arremanga la falda: «Vin'aquí, homenot», y el Teo, l'homenot, va y se pone encima de la Juliana sin pensarlo. Del mismo modo que la ha seguido a la umbría de los huertos por la senda de la...

Lluc, carpintero

[...] sabe que el Lluc es un hombre siete-ocho años más joven que él (como su mujer) y que se lo ve muy grande y muy fuerte porque estuvo picando piedra unos años en la cantera del pueblo. Ahora se ha empleado en el taller de l'Umbert. El Lluc repara muebles de madera.

La Marieta y las vidas por vivir

Holst, The Teachers' and Pupils' Cyclopaedia, Kansas City, The Bufton Book Company, 1909, dibujo de un ruiseñor.

De camino a la prisión donde canta la calandria y responde el ruiseñor, la Marieta se acuerda de la vida cabrera que no vivió. Aquel hombre de la montaña era guapísimo, la verdá, y, a ella, no le hubiese pesado nada amontonar sus retoños a pares en...

Diálogo del Cisco y en Fageda a propósito de na Celia al pasar

La lumbre del crepúsculo deja un sabor dulce sobre los tejados de la vieja Poderna y el Cisco, por no oír más a la mujer, se sienta en el escalón de la puerta de casa a fumarse un pitillo. De vez en cuando, si el humo del...

Soliloquio de la malcasada o Diatriba contra el esposo Teodoro

Sostiene el pliego del delito en la mano, un sucio trozo de papel con un puñado de letras impresas, un montón de carácteres apretados, de tipo romano, más bien rotos y gastados. Con todo, si se quiere, se lee: «la noche q̄ llego la puta de...

La dicha de la Remei o La determinación de los miserables I

Pichot Gironés, Escena de mercat, 1906-11.

Visto de fuera, l'Aleix no comprende a qué responde la dicha de la pobre Remei. Él ha llegado a su puesto de frutas huyendo de cierto aire sombrío que va tras sus pasos y ella solamente ha sabido responderle con una sonrisa sincera y franca: «Voldràs un...

La Joana y el muñón donde la pierna

—I si jo perdés una cama?

Diciéndolo, la Joana no espera una respuesta, sino que se ve sentada en una silla, junto a una ventana desnuda (esto es, sin cortina, ni otra cosa que el cristal frío de la mañana). La ventana se encuentra en una sala que...

Jettel que te quiero Jettel

Garcilaso de la Perra, Jettel que te quiero Jettel, Cerdanyola del Vallès, La Cesura, 2011.

Obras casi completas de Garcilaso de la Perra. Edición a cargo de Ernesto Barroso.

7 de noviembre de 1985

—Pelopo!

—Tu padre, tapón!

El pelopo era el Míguel y el tapón de botella, el Pedro. Dos buenos amigos del 7ºC que se despedían, como casi cada tarde, hasta el día siguiente (en aquella ocasión, un viernes). El Dani V., que volvía del cole con ellos, devolvió el...

La finestra del call

Roís de Corella, Historia de Josef, Valencia, Alfonso de Orta, 1500, letra capital e.

scribe el escriba de espaldas a la norma «Axí com cell / qui'n lo ſom nis de lita», mientras piensa las carnes gruesas de la manceba. Piensa los senos prietos, los muslos apretados. Piensa las posaderas, bajo la falda, con las manos sucias de tinta...

Las manos de la Montse

Sucede un día cualquiera. La Montse se despierta una mañana en la cama con ganas de besar a otro hombre. Se llama Lluc y se conocen de la plaza. Ella va, él viene. Ella lo saluda, él le da los buenos días. Ella le sonríe (porque le...

La Fineta y el mendrugo de pan seco

La Fineta baja temprano a por el pan y, pasada la plaza mayor, se cruza con el Ros y su señora: «Bon dia». «Bon dia». «Bon dia, adéu». «Adéu, adéu». «A Déu siau» lo espeta, muy seca, la señora del Ros, que es una mujer que acostumbra...

Aleix, aprendiz de herrero

Masriera, Pájaro de desván, 1898, detalle del retratado.

El amor le arde con fuerza en el pecho. Si mide su fuego con la quemazón en la piel, siente de pronto ternura por las cosas pequeñas del mundo.

La cripta de G

Noches zurdas y viejas correrías

en un sótano-piso adolescente,

noches desparramadas, verborreicas,

las orejas alerta, la nariz

puntiaguda y certera,

los dedos como zorros alborotan

las faldas más bien cortas

de las alegres páginas de alguna

jovencita gramática europea.

Todavía las ves con claridad,

paladeas la...

4 de noviembre de 1985

Aunque se había levantado de la cama a las cuatro y media de la madrugada, no supo de su vida en Sant Mena hasta que subió la persiana metálica del negocio de sus padres (que entonces ya era suyo). El estruendo que se armó al levantarla rompi...

El ojo de la cerradura (en blanco y negro)

Mientras oía restallar (la lengua en el paladar), dudaba si volver a mirar… porque veía, sin mirarlos, los vivos bocados o la pasta mojada, ya sin forma, entre los dientes, y no, no se atrevía a volver sobre sus pasos. Ni de reojo. Repasaba, eso sí, los...

3 de noviembre de 1985

Empezaron por recuperar los sábados tarde y acabaron por ponerle a trabajar en el turno de los domingos por la noche. En cuestión de tres o cuatro años, le habían quitado los fines de semana junto a su familia (en aquellas fechas, mujer y dos hijos) y...

Historia del viejo del guardacantón II-III

Amades, Costumari català, Barcelona, Salvat Editores, 1950, tomo I, página 325.

Poco después llegó el invierno. El bosque, una mañana, amaneció nevado. Bonaventura, más que verlo, lo notó en la cara al salir a ocuparse del ganado y, al rato de ordeñar la vaca, lo sintió en los dedos de las manos. Luego, cuando llegó el día, contempl...

Octubre de 1985

Aquella noche de finales de octubre de 1985 no hubo luces en el cielo de Sant Mena, ni estruendo de voces en las montañas cercanas. Se produjo, sin embargo, una pequeña bajada de tensión en la red eléctrica, semejante, en su duración, a un bostezo grotesco y...

2

Abre la puerta: son la vero y la paqui.

—¿Está tu hermana?

—Sí, ahora sale.

La vero es su vecina del tercero primera; la paqui, una niña no tan niña del barrio: tienen que tener catorce — a la paqui, por eso, se le nota más, que las tiene más...

Historia del viejo del guardacantón I

Amades, Costumari català, Barcelona, Salvat Editores, 1950, tomo II, página 217.

Bonaventura nació pobre. Fue en una mañana de primavera, en los tiempos en que se levantaban fábricas para el provecho de los hombres en los arrabales de la vieja Poderna. Lo recibieron con alegría. De tan buen humor estaba su padre, que tuvo la ocurrencia de...

Historia del viejo del guardacantón II-X

Les bruixes catalanes, Los libros del cuentamiedos, 2009, grabado de la página 87.

Y se miró a la niñita, que no dejaba de plañirse. Probaron a darle leche de vaca caliente, templada y fría y nunca quiso tomar más que un sorbito. Tenía hambre, se fiaba de ellos, pero ¡¿qué narices le estaban dando de comer?! Bonaventura pensó en...

Historia del viejo del guardacantón

Bartholomaeus Anglicus, De propietatibus rerum en romance, Toledo, Gaspar de Ávila, 1529, detalle de la estampa del folio K4v, y Les bruixes catalanes, Los libros del cuentamiedos, 2009, grabado de la página 99.

Folletín donde se narra la vida del podernita Bonaventura.

El luto del Mateu con hache intercalada

Preguntado por su mala cara, el Mateu responde «no res». El Mateu, con hache intercalada del latín Matthæus, se ha tenido siempre por un hombre digno, pasa que, de un tiempo a esta parte, va quedando menos del hombre que detenta la dignidad: «no puch amb la...

Historia del viejo del guardacantón II-XI

Smith, In bury street, ilustración de Remarks on rural scenery, London, Nathaniel Smith, 1797.

Entonces el bueno de Bonaventura vio el librito en octavo que la Griteta llevaba en la falda y sintió muy hondo el reproche que le estaba haciendo, quisiera o no. El título al completo lo leyó una única vez hacía ya muchos años, cuando se lo...

Manel de les Anxoves

Gutiérrez Solana, Marinero con cesto, 1930, detalle del marinero.

[...] la Eulàlia estaba entonces casada con el Manel de les Anxoves, el Manel que decían el Calçasses y que pasaba por un hombre bueno y esforzado, que es lo que era, amén de un pobre diablo, pues no dejaba de viajar dejándola a ella sola y triste en casa.

Historia del viejo del guardacantón II-IX

Amades, Llibre dels somnis, Barcelona, Editorial Selecta, 1979, página 26.

Hiltrud, a su lado, estaba más contenta. Le apretaba la mano a su hombre con cariño y pensaba, por pensar en algo, en el nombre que le pondría a la criatura que se revolvía en su vientre. Quizá fuera el momento de preguntar por la abuela...

Historia del viejo del guardacantón II-VIII

Bonaventura se levantó del catre y siguió a la Griteta hasta el dormitorio de su madre. Hiltrud estaba tumbada de costado sobre la cama de matrimonio y las sábanas y el colchón estaban manchados de sangre. Bonatrud lloraba en su cuna porque Hilventur lloraba en el suelo...

Historia del viejo del guardacantón II-VII

Amades, Costumari català, Barcelona, Salvat Editores, 1950, tomo I, página 606, grabado de un dragón.

Hiltrud le tenía dicho, y con razón, que era un pésimo comerciante. Lo estuvo reflexionando durante varios días: si le daba un hijo a la señora querida de todos, iban a pagarle unos buenos dineros por unos pocos minutos de su tiempo. Desde luego que ganaría...

Muerte primera del Guiraut

Mariposas del olvido… Los pedazos de papel lanzados al aire se le antojan mariposas del olvido. La metáfora no es suya, desde luego. La habrá leído por ahí, a saber dónde, pero la pena, ¡ay, ésa!, pesa sólo en sus hombros de hombre por hacer. Piensa que...