Flor varia de leyendas

'Cause today I've found my friends…

Falsa elegía del verano del noventa y siete.

A mi amigo Sergio

Entramos escaleras abajo. El local tiene de antro lo justo. No nos disgusta, aunque es pronto y hay poca gente. Ponen Das Modell. Tras un primer vistazo ―«esto está vacío»―, nos ponemos junto a una columna rayada como un tigre. Nadie pregunta: se habla de las hazañas más inmediatas en el tiempo y reímos sin más (reíamos, de hecho, con facilidad). Con las cervezas, se habla de cartas, chavalas, fútbol. Sergio, que no quiere saber nada de tíos en calzonas, propone unos futbolines. Vamos. Nos tunda. Ponen algo de Manson. David sigue hablando («y entonces va y le dice»). Ponen Nirvana ―cantamos la parte del himno: «yeah, yeah, yeah»― y el viernes, de algún modo, se sume en su noche… Es entonces que entran ella y unas amigas.

¿No estaban allí?

E. ¿Aquella?

Llegamos al salto de Killing in the Name. Cambiamos algunas miradas, pero, sobre todo, saltamos (cada vez más cerca): «And now you do what they told ya» y «Fuck you! I won't do what you tell me!» por encima del humo tabaco. Parece que sonríen (se dicen cosas al oído). Nosotros sólo somos felices. Du hast (por todo lo alto) y Smack My Bitch Up. «Éntrale» «Va» «Dile algo» «¡Ya!» y se da media vuelta y le suelta: «Mola la música, ¿eh?». Por respuesta, sólo hace que sí con la cabeza ―tiene calculada media sonrisa―, de modo tal que el Block Rockin' Beats de los Chemical Brothers lo pilla a contrapie; ella se ríe («què ruc!») y, entre risas, aprovecha para darle un otro repaso de arriba a abajo: hombros al aire, camiseta negra («Fuck-off») y tejanos. Pendiente, aún hoy pendiente de clasificación, en la derecha. Coleta (pelo negro). Con todo, después de su «Balles molt bé», completa la sonrisa que se estaba guardando. Y bailan: siguen bailando o hacen que bailan ¿juntos? hasta que ponen Daft Punk: Revolution 909. «¿Qué te ha dicho?» «Balles molt bé» «¿Que qué?» «Que balles…» «¡Vete pa'llá!» «¡Anda!» «¡Tira!». Lo devuelven a empujones. Lo recibe la misma sonrisa, igualmente abierta ―él diría bonita―: «No t'agrada?» «No és lo meu». Minuto y medio después del comienzo de Born Slippy, se le acerca (aún más) y le dice «Vols prendre res?».

D. …vens?

La sigue (entre la multitud) hasta la barra de bar.

D. Què voldràs?

Ella se encarga de todo: se cuela y pide dos cervezas. Él, entre tanto, la mira («pelo tan bonito») y busca en vano a sus amigos («qué cabrones»). Se gira: ella le ofrece una botella; al cogerla, se tocan un momento (dedos con dedos) ―queda, al cabo, el sudor frío del cristal―. Se miran: no dicen nada (otro rato) y acaban buscando entre el alegre festejo de gentes pocos metros más allá.

S. No veas cómo va tu amiga…

Piensa apenas en su amiga.

D. No res. Em dic Dolors.

Dos besos (mucho calor).

S. Sou d'aquí?

Beben (sorbos cortos y rápidos por si se dijera algo).

S. I què estàs estudiant?

De pronto está sonando Creep.

D. Ballem?

Y le tiende la mano. Y van juntos al «you're so fuckin' special», a empezar a abrazarse, a ponerse más cerca… Llegan a una pista más sola, con más espacio. Mientras muchos, la mayoría, se hacen a un lado, ellos bailan: se estrechan (girando lentamente). Ella cierra el abrazo. Él piensa en repetirle el «you're just like an angel» cuando, viéndola tan frente a sí, se distrae… la boca tierna… el calor en las mejillas… las manos en la cintura… o los ojos (también abiertos). «But I'm a creep» murmura (sin pensarlo) por lo bajo ―los cabellos en los labios―; repite «Whatever makes you happy / whatever you want» y ella se aprieta contra su pecho ―la cabeza en el hombro―. Cuando el «I wish I was special», las miradas corren a encontrarse: es una urgencia en otro tiempo. Cuando el «What the hell am I doing here?», se besan ―los labios en los labios―.

R. I don't belong here… I don't belong here…

Fuera la noche es demasiado grande (con el silencio dormido entre los edificios). Bajan por el paseo: van sin pensarlo, de la mano. Pesan palabras en las calles (sobre las paredes). Pesan los pasos. Y se besan: se besan y corren a besarse más abajo ―hasta que ella logra escapar―.

D. No sé noi…

La toma entre los brazos: la besa.

D. No… aquest és un altre!

Se detiene en un banco: preside la plaza el bronce verdeante de un caballero (talante positivista, gesto decimonónico). Césped alto, mullido. Gotea el grifo roto de una fuente. Algunos abetos espesan su sombra por causa de cierta brisa marina.

D. Quin silenci…

Se pone en pie: vuelve al paseo, a la luz de las farolas.

S. [Desde el banco] No ho vols veure?

Él va tras ella. Bajan un trecho en silencio, hasta que ella le ofrece la mano de nuevo. A ratos, sopla un aire oscuro, venido de muy arriba; va contra su cabello; descubre un cuello blanco y terso…

S. Tens fred?

Se le acerca: se mete bajo su brazo.

D. Així millor.

La playa se abre ante ellos: el cielo es ahora un vacío, un vacío descomunal, en que se pierde la voz de la ciudad costera que pisan ―su brillo se desgasta, ensucia y extingue en lejanías en que reverberan lejanías ulteriores―. Se observa, si se mira con atención, el horizonte: apenas una línea oscura en la oscuridad. Ella cruza el margen: le tiende la mano desde el otro lado de un muro bajo, de piedra.

D. Vine amb mi.

Y van juntos sobre la arena, claro paisaje lunar, a refugiarse de las farolas. Buscan (de algún modo) la madrugada, el tiempo que no transcurre: que llega para quedarse, y se tumban cuando se saben a oscuras: ha dicho algo muy serio que acaba en «fills de puta». Antes se ha recogido el pelo.

S. Dolors…

Corre un aire frío, salpicado de agua y sal: el agua va confusa en la brisa; la sal la encuentran en los labios, las mejillas, las manos… pero los labios van, sobre todo, a los labios, como la lengua a la lengua o las manos a las tetas… Besos tropiezan en besos: se acumulan sobre el feliz encuentro de otro, mojados en la saliva (espeso sabor) de cerveza, tabaco y sudor… como sin orden se suceden caricias y abrazos, miradas y ruegos: el deleite se diluye en sonrisas, la llamada en márgenes nuevos y el magreo, tan primero por momentos, en un jadear suave, líquido y cálido…

S. Deixa'm ficar la mà…

Bregan los dedos con botones, cremalleras, broches: pretenden la carne, la piel en la piel, por encima de la ropa… «No» o «Estigués quiet», en oleadas, como su aliento, y el «Sergi» más dulce de que es capaz para la sucesión de súplicas que sobreviene: los besos en el cuello, los lóbulos mordidos, los tiernos achuchones… hasta que se vencen rendidos porque, uno a uno, se han acabado los besos… Se han agotado las manos. Se han agotado las bocas. Se han agotado las lenguas.

Parecen las olas más lejos cuando quedan boca arriba, el uno en el otro, sin más mirarse. «I like it ― I'm not gonna crack», de pronto, en su cabeza. Es Lithium (otra vez): «I miss you ― I'm not gonna crack» y, por fin, «I love you ― I'm not gonna crack».

D. Què és això que dius?

Levanta un brazo y mira la hora.

D. Hauria de marxar…

Se incorpora (no sin dolores).

D. Estàs bé?

Ríe (aunque no como antes: su risa dura cada vez menos).

D. Molt?

Buscan por el suelo, alrededor, bolso, cartera y zapatos.

S. Ens veiem demà?

Sacude en vano la arena de las bambas ―la arena, lo sabe, irá con él: en los bolsillos, en el pelo, en los calzoncillos―: no hay modo de deshacerse de ella y no hay, en verdad, cosa que más quiera en este momento…

D. Vosaltres?

Ella se ha puesto en pie: se atusa los cabellos (por detrás de la oreja).

D. Vols el meu número?

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2010