Flor varia de leyendas

Novísima égloga

Hipertexto en prosa. Personas: Salicio, Nemoroso.

Estando cada uno en su casa, en su cuarto, en su ordenador, Salicio juntamente y Nemoroso se lamentan, y alzan su queja blanda con teclas duras a través de la línea de teléfonos.

SALICIO
¡Mis ventanas cerradas!
Los correos, borrados. Mi IP,
baneada.

Ha eliminado todo rastro de mí:
de mí se ha deshecho, del rastro
de mis labios en su piel, de las caricias,
de las promesas. Se duchó en cinco
minutos. Se llamó mujer casada
y dijo que había estado «bien».

¡Ya nada quiere de pastores o rústicos…!
¡Ella… que me llamaba «pagesot»…
Ella, en la cama, abierta de piernas…
Ella, lubricante y lúbrica, con los ojos
encendidos y los pezones encelados…
NEMOROSO
Salid, sin duelo, lágrimas, corriendo.
SALICIO
Nos conocimos en un chat.
Amor, de novísimo tan viejo,
florecía con la caída del sábado 
en su tarde y hablaba con 
templanza a la largueza 
de sus partes (duras
de otra parte).

Fueron las horas
río abajo y la lisonja, 
con unos centímetros de más,
desembocó en una invitación
que no pude sino
aceptar:

[19:06:18] Estás invitado a ver la cámara web de gALaTea.
¿Deseas aceptar la invitación?
(Aceptar / Rechazar)

En la espera,
de amores inflamada,
inquirí al hado secutivo
si no sería una 
calientapollas
más…

cuando llegó la señal,
cifra inefable de aquella su habitación
(poco o mal iluminada), en que descubrió
sus carnes largamente manoseadas
por los hombres y el siglo
y aún otros.

Iba en serio.
Se quitó la blusa, pantalones y demás.
Procedía lentamente. Lentamente
ascendía la semilla olorosa
que inundaría la estancia
con el encaje de sus
braguitas rojas

justo entonces

―eran las mismas que después
iba a quitarle a tirones en cierta
penumbra de hotel, donde
habíamos quedado para
follar.
NEMOROSO
Salid, sin duelo, lágrimas, corriendo.
SALICIO
¡Oh, gALaTea, tus pies…!
¡Tus hoyuelos, tus cabellos, tus…!
¡Tus… tus y tus!
Dijo que era mecanógrafa.
Que tenía un diploma en ofimática.
Que iba al trabajo con una falda muy corta.
Que se había tirado al jefe. Que lo habían
hecho sobre la mesa del
despacho…

¡Dijo que leía a VAE! ¡Que le aburría Virgilio!
¡Y tantas otras cosas!

Y aquí sigo,
solo y abandonado,
en las heladas soledades
de una montaña sempiterna
en que pace el ganado y
el viento espira.

¿Sabías que sigo poniéndome tu vídeo?
¿Sabías que aún me masturbo con él?
¿Sabías que lloro tu ausencia?

Sin apenas batería,
sin apenas cobertura,
ni hálito, ni vida…

YO, aquí, en un pedazo de hierba,
mullida y verde: ¡tú, sobre
la moqueta, desnuda y…!
NEMOROSO
¡Por el asfalto? ¿Por entre calles de hormigón?
¿Por avenidas? ¿En la estación?
¿Dónde…? ¿Dónde mi amor?

Si estuvo, dejó de estar.
Si fue, no es ya más.
Como si muerta
en cada error
HTTP_404:

No se encontró la página.
Puede que la página solicitada ya no exista,
haya cambiado de nombre o no esté disponible
temporalmente.
SALICIO
Dejadme llorar orillas del mar.
NEMOROSO
Recuerdo…
Aún recuerdo
sus letras, palabras,
en mi facebook. Un comentario
que lleva a otro y su foto,
por fin, en mi bandeja
de entrada…

Pero no, no
supe, no pude saber
que las semanas serían
siempre menos que los
meses porque nada
supe…

¡A eli_18!
¿Nadie me responde?

Era, has de saberlo,
estudiante de primero
de sicología y la busqué,
porque la busqué y busqué,
en listas de correo y foros y blogs…

Porque vagué, sin sueño, las vastas
regiones del ciberespacio, mientras
su ausencia quemaba los campos.
SALICIO
Dejadme llorar orillas del mar.
NEMOROSO
He puesto mi voz en soportes no volátiles.
He sembrado mis versos en servidores remotos,
en raras ínsulas que ignoran el contenido
de sus HDD(s), donde las hojas de estilo
caen en cascada y florecen sin rubor
las páginas dinámicas…

Me abandoné en lo deleznable
porque, frente al servidor caído, el mármol
(que otros sueñan) lo lleva el viento de siglos.
Porque pasan los hombres y, con los hombres,
sus memorias. Porque el papel se pudre
y arde y aún se moja…

¡Fue Gutenberg ayer! ¡Faraday será tierra!

Ahora soy el hombre junto al río
que mira correr el caudal de kilobytes,
que no vive porque espera vivir.

Ahora… scroll sin profundidad.

Si estás leyendo esto, haz
una copia de seguridad.

Setenta y cinco hercios les contemplan de espaldas a un tiempo que se presume infinido, allá, tan quieto. Cuando no se cuelga la línea, un hombre salta al vacío. Cuando no sobreviene el definitivo pantallazo azul, el blanco, píxel a píxel (1024x768), se extiende sobre el monitor sin respuesta que valga a la quaestio inicial.

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