Cantos moledanos

CANTO IV

Subidos a la vieja higuera en busca

de higos tempranos o de verdes brevas,

su leche blanca, pegajosa y dulce.

Se balancean como simios jóvenes

bajo el crujido seco de las ramas.

En el Camí de Bandolers se espesa

una nube de polvo de caballos,

aprietan hacia el puente del arroyo.

El césped y el zumbido entrecortado

del cortacésped. La piscina negra

que refleja unas nubes aceitosas,

nocturnas, negras,

y un sol de bronce, ebrio y desvaído.

La señora ofrecida al sol, la hija,

sus cabellos dorados como perlas

doradas, el bikini y la pamela

blancas; y los contornos, mies descalza.

En su lengua de entonces se dijeron:

"¿Y su marido?" "Arriba en la torre."

"Que baje en nombre del Abad." "Está

muy enfermo. Descansa." Desmontó

sin añadir palabra. "Yo lo aviso".