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Aleix, aprendiz de herrero

Masriera, Pájaro de desván, 1898, detalle del retratado.

El amor le arde con fuerza en el pecho. Si mide su fuego con la quemazón en la piel, siente de pronto ternura por las cosas pequeñas del mundo.

Bertrana, la dulce

Induno, Triste presentimento, 1862, detalle de la retratada.

Pero la Bertrana, de sus amigas, es la más risueña y glotona de todas y los zagales del barrio, los más gamberros y canijos, la acaban encontrando cuando ella no busca.

Encarnació, hija del mercero

Gutiérrez Solana, Las chicas de la Claudia, 1929, detalle de un otra chica.

¡Que iba nadie a componer nada mirando la su figura! Tiene el pelo negro como el hollín y la mano es grande y recia, de dedo gracioso pero rechoncho, y la cadera con la cintura es todo una, que no se aprecia en ella el talle feliz de otras mujeres. Las tetillas las recoge en un trapo, bien arriba, y los ojos, pues son como tantos otros: oscuros, redondos y chicos... Pero no le importa. Ella ha sido siempre así.

Enric Clotet, hereu

Schiele, Retrato de Erich Lederer, 1912, detalle del muchacho.

Pero l'Enric se perdía para adentro. En cierto punto de su divagación, vaciló, viró y se hundió, a lo que parece, en sus miserias, la viva estampa de aquella culebrilla encerrada en su puño, y se despidió sin más.

Eulàlia, la bella

Sebastian Brant, Stultifera navis, Basel, Johann Bergmann, 1498, detalle del grabado atribuido a Albrecht Dürer.

Ahí, donde la véis, arrancaba fuego a las piedras que la veían pasar [...] ¡Oh, la Eulàlia! Miradla bien... ¡Qué viva la vida en ella, verdá?

Germana, fregona

Ceruti, Escuela de costura, 1720, detalle de una costurera.

Germana, que lo miraba con ternura, quiso creer que, tras toda aquella palabrería, el joven Enric no quería sino pedirle salir a dar un paseo, pero que el parecer de su familia, gente letrada y con estudios, le impedía figurarse con una fregona.

Guiraut de la Escombrera

Casas, Retrato masculino, 1885, detalle del retratado.

Puede no parecerlo, pero el Guiraut puede ser un amante sufrido.

Joan Pere, bachiller

Dix, Kleines Selbstbildnis, 1913.

El bachiller Joan Pere se niega a relacionar la alta poesía con sus manos sucias de semén. Ni las suyas, ni las de l'Enric, ni las propias, que tanto y tan bien quieren la Belleza en la Poesía.

Joan Pere, carpintero

Dix, Die Eltern des Künstlers, 1921, detalle de un viejo.

El bachiller Joan Pere se mira la figura avejentada de su padre y desecha el vocablo «analfabeto». Es una palabra demasiado gruesa, cruel con los suyos, sobre todo cuando han sido los suyos, su padre y su madre, quienes le han permitido cursar letras con el doctor Morros.

Josep

Felixmüller, Liebespaar von Dresden, 1928, detalle del muchacho.

Al Josep, sin embargo, el agua no le ha calado todavía. Él sigue atrás, en el poyo de piedra. Está fuertemente atado al hechizo fruto del verbo y de la aparición. Leía...

Joséphine, la gavatxa

Gutiérrez Solana, La visita del obispo, 1926, detalle de una vieja.

Guarda el recuerdo de la gavatxa sentada en una silla junto a su cama, pero en otra parte. No sabe qué fue de ella, si volvió nunca a su casa o si murió sola, a este lado de las montañas.

Judich

Andaba sin norte el día que la vio por primera vez: era la judía, ojos verdes, más bonita del barrio. Llevaba la fruta roja en el cesto y el cabello, recogido bien alto cuando le sorprendió con las manos en los bolsillos.

Juliana, barragana

Casas, Antes del baño, 1895, detalle de la retratada.

Vistiéndose, tropezaba en memorias tristes. Recordaba la faja que se ceñía con fuerza todas las mañanas y los mantos de paño grueso que acostumbraba a vestir para tapar sus vergüenzas.

Macías, penado de amor

San Pedro, Cárcel de amor, Barcelona, Juan Rosenbach, 1493, detalle de una estampa del salvaje.

Noches frente al espejo le advertían de su hechura pobre y desastrada: los ojicos llorosos, el gesto torcido, la color demudada... Si no le hablaba, no podía rechazarlo y, si no lo rechazaba, cabía esperar.

Magdalena

Casas, Estudio de joven, 1893, detalle del retrato.

Es ella. Por algún extraño motivo, es ella. Ella, sobre todo, cuando fuma y sube con el humo. Cuando busca la luz de la amanecida por los tejados. Cuando se ausenta quietamente y lo deja solo junto a los despojos de la lucha.

Manel de les Anxoves

Gutiérrez Solana, Marinero con cesto, 1930, detalle del marinero.

[...] la Eulàlia estaba entonces casada con el Manel de les Anxoves, el Manel que decían el Calçasses y que pasaba por un hombre bueno y esforzado, que es lo que era, amén de un pobre diablo, pues no dejaba de viajar dejándola a ella sola y triste en casa.

Maria

Felixmüller, Liebespaar von Dresden, 1928, detalle de la muchacha.

Ella estaba allí. Le costaba creerlo, pero ella se había aparecido a continuación de la página de su libro y se llegaba hasta él, a su encuentro.

Morros, doctor

Gutiérrez Solana, El bibliófilo, 1933, detalle del bibliófilo.

Alude a la perspicuitas, acertada y precisa en el férreo armazón del ars poetica, y el doctor Morros se revuelve, lacónico, con su infalible «Tú crees?», que no da pie a más algaradas entre el alumnado.

Pou, plaza

El pasadizo desemboca, al final, en la plaza del Pou. El pozo está cegado, o eso dicen, así que ya no hay pozo en la plaza, pero el brocal, aquel murete de piedra erigido en tiempos de superstición y horca, da idea de abismo de negrura terrible.

Pura, puta

Dix, Älteres liebespaar, 1923, detalle de una vieja.

[...] si se quiere, se lee: «la noche q̄ llego la puta de ciento e veynte kg. yo estaua eſperandola. Ella era todo graſa por todas las partes & a de mas, no muy limpia».

Quico, maestro forjador

Luego hablaron de otro joven, un tal Francesc, que batía el hierro al rojo vivo y tenía el pecho fornido y caliente como el horno de la fragua.

Remei, frutera

Sorolla, Joven andaluza, 1914, detalle de la joven.

[...] prefería darse una vuelta por los puestos de frutas y verduras. Solía ir a la Remei, una muchacha muy despierta y risueña, que vendía peras, manzanas y melocotones en la tienda más humilde de la plaza. Por humilde, vale leer pequeña, tanto, que todo allí se acumulaba, un poco como en ella.

Roc, bandido

Del salvaje Roc se decía que tomaba lo que quería cuando quería y que lo tomaba, si lo quería, a fuerza de cuchillo. Mataba. Mataba sin dudarlo y mataba porque quería matar.

Teo, esposo

El Teo era de lo mejorcito del barrio por aquel entonces. Era guapetón y delgado y le pareció lo bastante manso como para ponerlo firme si convenía.