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Aldonça, la blanca

Masriera, La penitent, 1891, detalle de la mujer.

Todo el mundo sabe que las monjas son buenas por definición. Todo el mundo sabe que los fantasmas no existen. Por eso quiere ser monja y, por eso, quiere no tener miedo, pero el bisbiseo vuelve a estar allí dentro, con ella.

Aleix, aprendiz de herrero

Masriera, Pájaro de desván, 1898, detalle del retratado.

El amor le arde con fuerza en el pecho. Si mide su fuego con la quemazón en la piel, siente de pronto ternura por las cosas pequeñas del mundo.

Alfons Aimerich

--Aquesta ha estat sempre la terra dels Aimerich. --Els Aimerich, diu? És vostè l'amo Alfons? --El mateix. I vostè, que puc saber com es diu?

Aneta, gorda

Kanoldt, Halbakt II, 1926, detalle de la mujer.

Se llamaba Ana (Aneta) y no olvida la mañana que, yendo de camino a clase, se subió a su balcón de un respingo. Ella estaba dentro, cambiándose. Se había quitado el camisón de dormir y el Lluquet le pudo ver las bragas y el culo fofo, sin gracia. Luego se embargó mucho rato en la visión de sus muslos, que eran apretados en carnes y estaban sin ropa.

Assumpta, malcasada

Rusiñol, Novela romántica, 1894, detalle de la retratada.

[...] a lo que ella le responde «No, ni ablar, eres el primer hombre q̄ me haze ſentir bien ē años» y l'Assumpta, en verdá, hace años que no se siente bien.

Bernat, jornalero

Domingo Marqués, Estudio de viejo, 1885, detalle del viejo.

El Bernat se toma la sopa y, habiéndose acabado el plato, se cena un mendrugo de pan seco. Sin tomate, ni aceite, ni sal. Luego busca el caliu de la chimenea sentado en el escón, donde se ponía la abuela Caterina cuando se dolía del reúma, y mira, como hacía ella, las llamas lentas del tió, el misterio de la lumbre miles de años después.

Bertrana, la dulce

Induno, Triste presentimento, 1862, detalle de la retratada.

Pero la Bertrana, de sus amigas, es la más risueña y glotona de todas y los zagales del barrio, los más gamberros y canijos, la acaban encontrando cuando ella no busca.

Carles, naturalista

Toulouse-Lautrec, Cabeza de hombre, 1883, detalle del hombre.

El Carles huele el hacinamiento de las gentes y se apena por causa de los pensamientos que le vuelven a la cabeza otro día más.

Carmeta, castañera

Junyent, La promesa, 1899, detalle de la mujer.

La Carmeta es una mujer menuda que vende castañas en una esquina cualquiera del casco antiguo. Si no castañas, uvas pasas, higos secos o pipas con sal. Según vaya el año. Es buena gente y es bonita, a su manera.

Catarina, emparedada

Induno, Pane e lagrime, 1855, detalle de una mujer.

Y se mira su figura empobrecida. Es más pequeña, más enjuta y más frágil. Parece que vaya a quebrarse en un montoncito de huesos. Parece cerca de hundirse en una fosa sepulcral. Al Roc le causa horror el paño del hábito.

El Ros, trajinero

Dix, Bildnis des schauspielers Heinrich George als Terje Wiggen, 1932, detalle del retratado.

Escondido entre unas matas de romero, el Roc acecha el sueño del Ros, que sestea lo mismo a media mañana que a media tarde porque es un ganso a cualquier hora del día.

Encarnació, hija del mercero

Casas, Interior, circa 1890, detalle de una mujer.

¡Que iba nadie a componer nada mirando la su figura! Tiene el pelo negro como el hollín y la mano es grande y recia, de dedo gracioso pero rechoncho, y la cadera con la cintura es todo una, que no se aprecia en ella el talle feliz de otras mujeres. Las tetillas las recoge en un trapo, bien arriba, y los ojos, pues son como tantos otros: oscuros, redondos y chicos... Pero no le importa. Ella ha sido siempre así.

Enric Clotet, hereu

Toulouse-Lautrec, Emile Bernard, 1885, detalle del joven.

Pero l'Enric se perdía para adentro. En cierto punto de su divagación, vaciló, viró y se hundió, a lo que parece, en sus miserias, la viva estampa de aquella culebrilla encerrada en su puño, y se despidió sin más.

Eulàlia, la bella

Sebastian Brant, Stultifera navis, Basel, Johann Bergmann, 1498, detalle del grabado atribuido a Albrecht Dürer.

Ahí, donde la véis, arrancaba fuego a las piedras que la veían pasar [...] ¡Oh, la Eulàlia! Miradla bien... ¡Qué viva la vida en ella, verdá?

Ferran, chaval

Domingo, Els jugadors, 1920, detalle de un chaval.

Él la mete toda y se sacude un poco, por desquitarse. Ella ronronea algún «carinyo» que otro y se sale, como acostumbra, al balcón un rato. Él, entre tanto, ha perdido el brío que lo traía bufando. Ella piensa en pinzar los geranios. Él se acuerda de su mujer: «No puc».

Fineta, casada

Dix, Bildnis der Sängerin Elisabeth Stüntzner, 1952, detalle de la retratada.

La pena por sí misma no le dura nada. La pena por sí misma la encabrona y, el trecho que va de la plaza a la puerta de su casa, la Fineta lo cruza con paso firme y furioso.

Germana, fregona

Casas, Estudio de joven, 1893, detalle del retrato.

Germana, que lo miraba con ternura, quiso creer que, tras toda aquella palabrería, el joven Enric no quería sino pedirle salir a dar un paseo, pero que el parecer de su familia, gente letrada y con estudios, le impedía figurarse con una fregona.

Guiraut de la Escombrera

Casas, Retrato masculino, 1885, detalle del retratado.

Puede no parecerlo, pero el Guiraut puede ser un amante sufrido.

Ibi, colega del barrio

Domingo, Els jugadors, 1920, detalle de un jugador.

Su colega, que guardaba el impreso desde hacía años, empezó por decir «tu t'imagines follar-te una bagassa com aquesta?». No. Nunca lo había imaginado. Y su colega, l'Ibi, que seguía hablando, lo fantaseó en voz alta:

Immaculada, mestressa de casa

La Immaculada asumió con naturalidad el resignarse ante lo que viene dado y no se puede discutir: «són faves contades, filla».

Joana, prometida

Toulouse-Lautrec, En la cama, 1892, detalle de la muchacha.

La Joana respira fuerte un instante: «Sí i no, Pere». Luego recoge las gotas de esperma que resbalan por su pómulo con el dedo índice y se lo lleva a los labios.

Joanet, bruto

Levanta la vista y encuentra al Joanet, el brutote de la Remei, sentado en el poyo de piedra que da a su casa. Es un joven antiguo, como los poetas aquellos que gustan a su padre.

Joan Pere, bachiller

Dix, Kleines Selbstbildnis, 1913.

El bachiller Joan Pere se niega a relacionar la alta poesía con sus manos sucias de semén. Ni las suyas, ni las de l'Enric, ni las propias, que tanto y tan bien quieren la Belleza en la Poesía.

Joan Pere, carpintero

Dix, Die Eltern des Künstlers, 1921, detalle de un viejo.

El bachiller Joan Pere se mira la figura avejentada de su padre y desecha el vocablo «analfabeto». Es una palabra demasiado gruesa, cruel con los suyos, sobre todo cuando han sido los suyos, su padre y su madre, quienes le han permitido cursar letras con el doctor Morros.

Josep

Felixmüller, Liebespaar von Dresden, 1928, detalle del muchacho.

Al Josep, sin embargo, el agua no le ha calado todavía. Él sigue atrás, en el poyo de piedra. Está fuertemente atado al hechizo fruto del verbo y de la aparición. Leía...

Judich, judía

Andaba sin norte el día que la vio por primera vez: era la judía, ojos verdes, más bonita del barrio. Llevaba la fruta roja en el cesto y el cabello, recogido bien alto cuando le sorprendió con las manos en los bolsillos.

Juliana, barragana

Furini, Sigismunda con el corazón de Guiscardo, 1640, detalle de Sigismunda.

Vistiéndose, tropezaba en memorias tristes. Recordaba la faja que se ceñía con fuerza todas las mañanas y los mantos de paño grueso que acostumbraba a vestir para tapar sus vergüenzas.

Lluc, carpintero

[...] sabe que el Lluc es un hombre siete-ocho años más joven que él (como su mujer) y que se lo ve muy grande y muy fuerte porque estuvo picando piedra unos años en la cantera del pueblo. Ahora se ha empleado en el taller de l'Umbert. El Lluc repara muebles de madera.

Macías, penado de amor

San Pedro, Cárcel de amor, Barcelona, Juan Rosenbach, 1493, detalle de una estampa del salvaje.

Noches frente al espejo le advertían de su hechura pobre y desastrada: los ojicos llorosos, el gesto torcido, la color demudada... Si no le hablaba, no podía rechazarlo y, si no lo rechazaba, cabía esperar.

Magdalena

Casas, La Trini, circa 1916, detalle de la retratada.

Es ella. Por algún extraño motivo, es ella. Ella, sobre todo, cuando fuma y sube con el humo. Cuando busca la luz de la amanecida por los tejados. Cuando se ausenta quietamente y lo deja solo junto a los despojos de la lucha.

Manel de les Anxoves

Gutiérrez Solana, Marinero con cesto, 1930, detalle del marinero.

[...] la Eulàlia estaba entonces casada con el Manel de les Anxoves, el Manel que decían el Calçasses y que pasaba por un hombre bueno y esforzado, que es lo que era, amén de un pobre diablo, pues no dejaba de viajar dejándola a ella sola y triste en casa.

Marcel, marido

La Fineta quiso querer y todavía quiere (aunque menos) a aquel trozo de pan duro de su hombre, el tal Marcel, que es otro bobo con rabo que vuelve cansado del trabajo cada tarde para traerle unos duros miserables que, lejos de sacarles de pobres, insisten en mantenerles parados en el mismo sitio.

Maria

Felixmüller, Liebespaar von Dresden, 1928, detalle de la muchacha.

Ella estaba allí. Le costaba creerlo, pero ella se había aparecido a continuación de la página de su libro y se llegaba hasta él, a su encuentro.

Marieta, condenada de Malpas

De camino a la prisión donde canta la calandria y responde el ruiseñor, la Marieta se acuerda de la vida cabrera que no vivió.

Mateu, viudo

Junyent, La promesa, 1899, detalle del hombre.

El Mateu, con hache intercalada del latín Matthæus, se ha tenido siempre por un hombre digno, pasa que, de un tiempo a esta parte, va quedando menos del hombre que detenta la dignidad: «no puch amb la dona».

Miguelillo, maestro escuela

Fue pastor en la montaña (cuando chaval). Luego estuvo de jornalero en el campo y, ante la miseria de las gentes de su tierra, se metió a maestro de escuela, «por sacarlos de pobres a fuerza de hablar».

Miquel, hombrecillo

Luego conoció al Miquel y el Miquel, con su cara llena de granos, insistió en llevarla al baile de la plaza y bailaron, y mucho, y el Miquel, con aquella manera suya de explicarse sin decir nada, le enseñó después, en la escalera que lleva del puente viejo al molino, que sus mamellas podían muy bien...

Montse, casada

Casas, Estudio de verano, 1893, detalle de una mujer.

La Montse, a sus treinta y dos años, todavía se siente capaz de enamorar a un hombre y, lo que es aún mejor, todavía se sabe capaz de amar como el primer día.

Morros, doctor

Gutiérrez Solana, Retrato de don Miguel de Unamuno con paisaje de Salamanca, 1935-1936, detalle del retratado.

Alude a la perspicuitas, acertada y precisa en el férreo armazón del ars poetica, y el doctor Morros se revuelve, lacónico, con su infalible «Tú crees?», que no da pie a más algaradas entre el alumnado.

Nuri, puta

Schad, Zwei Mädche, 1928, detalle de una de las jóvenes.

--Conec la Nuri i conec la Pura, però la Nuri és encara massa jove per mi i jo, amb dones t-tan... florides, m'hi atabalo... No sé s-si saps per'on te dic, Lluquet.

Pere, prometido

Toulouse-Lautrec, En la cama, 1892, detalle del muchacho.

«Prò... que no t'ho passes bé amb mi?» se cuestiona él sentado en sus tetas, con el pene en un puño y el pasmo en la cara.

Pou, plaza

El pasadizo desemboca, al final, en la plaza del Pou. El pozo está cegado, o eso dicen, así que ya no hay pozo en la plaza, pero el brocal, aquel murete de piedra erigido en tiempos de superstición y horca, da idea de abismo de negrura terrible.

Pura, puta

Dix, Älteres liebespaar, 1923, detalle de una vieja.

[...] si se quiere, se lee: «la noche q̄ llego la puta de ciento e veynte kg. yo estaua eſperandola. Ella era todo graſa por todas las partes & a de mas, no muy limpia».

Quico, maestro forjador

Toulouse-Lautrec, Busto de hombre desnudo, circa 1882, detalle del hombre.

Luego hablaron de otro joven, un tal Francesc, que batía el hierro al rojo vivo y tenía el pecho fornido y caliente como el horno de la fragua.

Raimon, miserable de la tierra

Es un ingenuo de la tierra más y los ingenuos de la tierra pasan frío en invierno y hambre a todas horas. Los harapos que lleva puestos no le sirven de buena mañana. La miseria viste ropas tan diversas como los despojos que otros arrojan y el ingenuo tiene las penurias de la vida por cosas tan naturales como la luz del sol y el aire del cielo.

Remei, frutera

Sorolla, Joven andaluza, 1914, detalle de la joven.

[...] prefería darse una vuelta por los puestos de frutas y verduras. Solía ir a la Remei, una muchacha muy despierta y risueña, que vendía peras, manzanas y melocotones en la tienda más humilde de la plaza. Por humilde, vale leer pequeña, tanto, que todo allí se acumulaba, un poco como en ella.

Roc, bandido

Redon, Tras la ejecución, 1877.

Del salvaje Roc se decía que tomaba lo que quería cuando quería y que lo tomaba, si lo quería, a fuerza de cuchillo. Mataba. Mataba sin dudarlo y mataba porque quería matar.

Teo, esposo

El Teo era de lo mejorcito del barrio por aquel entonces. Era guapetón y delgado y le pareció lo bastante manso como para ponerlo firme si convenía.

Tomet, obrero

Toda su vida adulta ha transcurrido junto al Tomet de la Tomasa, un pagesot metido a obrero del textil a los diez y ocho años de edad.

Tonet el Bregues

En Tonet, y no por Bregues, impide al viejo ermitaño que meta las manos en el fuego en busca de su señora y ambos, muy callados, lo escuchan llorar largamente, desconsolado.