etiquetas

Aleix, aprendiz de herrero

Masriera, Pájaro de desván, 1898, detalle del retratado.

El amor le arde con fuerza en el pecho. Si mide su fuego con la quemazón en la piel, siente de pronto ternura por las cosas pequeñas del mundo.

Eulàlia, la bella

Sebastian Brant, Stultifera navis, Basel, Johann Bergmann, 1498, detalle del grabado atribuido a Albrecht Dürer.

Ahí, donde la véis, arrancaba fuego a las piedras que la veían pasar [...] ¡Oh, la Eulàlia! Miradla bien... ¡Qué viva la vida en ella, verdá?

Guiraut de la Escombrera

Puede no parecerlo, pero el Guiraut puede ser un amante sufrido.

Joan Pere, bachiller

El bachiller Joan Pere se niega a relacionar la alta poesía con sus manos sucias de semén. Ni las suyas, ni las de l'Enric, ni las propias, que tanto y tan bien quieren la Belleza en la Poesía.

Joan Pere, carpintero

El bachiller Joan Pere se mira la figura avejentada de su padre y desecha el vocablo «analfabeto». Es una palabra demasiado gruesa, cruel con los suyos, sobre todo cuando han sido los suyos, su padre y su madre, quienes le han permitido cursar letras con el doctor Morros.

Joséphine, la gavatxa

Gutiérrez Solana, La visita del obispo, 1926, detalle de una vieja.

Guarda el recuerdo de la gavatxa sentada en una silla junto a su cama, pero en otra parte. No sabe qué fue de ella, si volvió nunca a su casa o si murió sola, a este lado de las montañas.

Judich

Andaba sin norte el día que la vio por primera vez: era la judía, ojos verdes, más bonita del barrio. Llevaba la fruta roja en el cesto y el cabello, recogido bien alto cuando le sorprendió con las manos en los bolsillos.

Juliana, barragana

Gutiérrez Solana, Mujeres de la vida, 1915-17, detalle de una mujer.

Vistiéndose, tropezaba en memorias tristes. Recordaba la faja que se ceñía con fuerza todas las mañanas y los mantos de paño grueso que acostumbraba a vestir para tapar sus vergüenzas.

Macías, penado de amor

San Pedro, Cárcel de amor, Barcelona, Juan Rosenbach, 1493, detalle de una estampa del salvaje.

Noches frente al espejo le advertían de su hechura pobre y desastrada: los ojicos llorosos, el gesto torcido, la color demudada... Si no le hablaba, no podía rechazarlo y, si no lo rechazaba, cabía esperar.

Magdalena

Gutiérrez Solana, Mujeres de la vida, 1915-17, detalle de una mujer.

Es ella. Por algún extraño motivo, es ella. Ella, sobre todo, cuando fuma y sube con el humo. Cuando busca la luz de la amanecida por los tejados. Cuando se ausenta quietamente y lo deja solo junto a los despojos de la lucha.

Morros, doctor

[...] y el doctor Morros se revuelve, lacónico, con su infalible «Tú crees?», que no da pie a más algaradas entre el alumnado.

Pura, puta

Dix, Älteres liebespaar, 1923, detalle de una vieja.

[...] si se quiere, se lee: «la noche q̄ llego la puta de ciento e veynte kg. yo estaua eſperandola. Ella era todo graſa por todas las partes & a de mas, no muy limpia».

Quico, maestro forjador

Luego hablaron de otro joven, un tal Francesc, que batía el hierro al rojo vivo y tenía el pecho fornido y caliente como el horno de la fragua.

Roc, bandido

Del salvaje Roc se decía que tomaba lo que quería cuando quería y que lo tomaba, si lo quería, a fuerza de cuchillo. Mataba. Mataba sin dudarlo y mataba porque quería matar.

Teo, esposo

El Teo era de lo mejorcito del barrio por aquel entonces. Era guapetón y delgado y le pareció lo bastante manso como para ponerlo firme si convenía.