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Aldonça, la blanca

Masriera, La penitent, 1891, detalle de la mujer.

Todo el mundo sabe que las monjas son buenas por definición. Todo el mundo sabe que los fantasmas no existen. Por eso quiere ser monja y, por eso, quiere no tener miedo, pero el bisbiseo vuelve a estar allí dentro, con ella.

Aleix, aprendiz de herrero

Masriera, Pájaro de desván, 1898, detalle del retratado.

El amor le arde con fuerza en el pecho. Si mide su fuego con la quemazón en la piel, siente de pronto ternura por las cosas pequeñas del mundo.

Bertrana, la dulce

Induno, Triste presentimento, 1862, detalle de la retratada.

Pero la Bertrana, de sus amigas, es la más risueña y glotona de todas y los zagales del barrio, los más gamberros y canijos, la acaban encontrando cuando ella no busca.

Bonaventura, viejo

Fabrés, Un model de la Via Margutta, 1925, detalle del viejo.

El viejo se pasaba todo el día sentado en aquel guardacantón, mirando a la gente pasar. Se levantaba a primera hora de la mañana, se vestía con la misma ropa de siempre y se ponía en la esquina inmediata a su casa sin falta. No hacía otra cosa en la vida que estarse allí todo el día, mirando a la gente pasar.

Carles, naturalista

Toulouse-Lautrec, Cabeza de hombre, 1883, detalle del hombre.

El Carles huele el hacinamiento de las gentes y se apena por causa de los pensamientos que le vuelven a la cabeza otro día más.

Carmeta, castañera

Junyent, La promesa, 1899, detalle de la mujer.

La Carmeta es una mujer menuda que vende castañas en una esquina cualquiera del casco antiguo. Si no castañas, uvas pasas, higos secos o pipas con sal. Según vaya el año. Es buena gente y es bonita, a su manera.

Catarina, emparedada

Induno, Pane e lagrime, 1855, detalle de una mujer.

Y se mira su figura empobrecida. Es más pequeña, más enjuta y más frágil. Parece que vaya a quebrarse en un montoncito de huesos. Parece cerca de hundirse en una fosa sepulcral. Al Roc le causa horror el paño del hábito.

Dolors, tendera

Duran, Eligiendo grabados, 1879. detalle de una mujer.

Entre tanto, la Dolors los había casado, ocupado en la tienda de su madre y metido en el piso vacío que había encima del negocio familiar: «són tres plantes amb molta llum». Tanta organización le ablandó un poco el ánimo. El burro de Bonaventura lo notó en su voz.

Encarnació, hija del mercero

Casas, Interior, circa 1890, detalle de una mujer.

¡Que iba nadie a componer nada mirando la su figura! Tiene el pelo negro como el hollín y la mano es grande y recia, de dedo gracioso pero rechoncho, y la cadera con la cintura es todo una, que no se aprecia en ella el talle feliz de otras mujeres. Las tetillas las recoge en un trapo, bien arriba, y los ojos, pues son como tantos otros: oscuros, redondos y chicos... Pero no le importa. Ella ha sido siempre así.

Enric Clotet, hereu

Toulouse-Lautrec, Emile Bernard, 1885, detalle del joven.

Pero l'Enric se perdía para adentro. En cierto punto de su divagación, vaciló, viró y se hundió, a lo que parece, en sus miserias, la viva estampa de aquella culebrilla encerrada en su puño, y se despidió sin más.

Ferran, chaval

Domingo, Els jugadors, 1920, detalle de un chaval.

Él la mete toda y se sacude un poco, por desquitarse. Ella ronronea algún «carinyo» que otro y se sale, como acostumbra, al balcón un rato. Él, entre tanto, ha perdido el brío que lo traía bufando. Ella piensa en pinzar los geranios. Él se acuerda de su mujer: «No puc».

Germana, fregona

Casas, Estudio de joven, 1893, detalle del retrato.

Germana, que lo miraba con ternura, quiso creer que, tras toda aquella palabrería, el joven Enric no quería sino pedirle salir a dar un paseo, pero que el parecer de su familia, gente letrada y con estudios, le impedía figurarse con una fregona.

Guiraut de la Escombrera

Casas, Retrato masculino, 1885, detalle del retratado.

Puede no parecerlo, pero el Guiraut puede ser un amante sufrido.

Ibi, colega del barrio

Domingo, Els jugadors, 1920, detalle de un jugador.

Su colega, que guardaba el impreso desde hacía años, empezó por decir «tu t'imagines follar-te una bagassa com aquesta?». No. Nunca lo había imaginado. Y su colega, l'Ibi, que seguía hablando, lo fantaseó en voz alta:

Joana, prometida

Toulouse-Lautrec, En la cama, 1892, detalle de la muchacha.

La Joana respira fuerte un instante: «Sí i no, Pere». Luego recoge las gotas de esperma que resbalan por su pómulo con el dedo índice y se lo lleva a los labios.

Josep

Felixmüller, Liebespaar von Dresden, 1928, detalle del muchacho.

Al Josep, sin embargo, el agua no le ha calado todavía. Él sigue atrás, en el poyo de piedra. Está fuertemente atado al hechizo fruto del verbo y de la aparición. Leía...

Juliana, barragana

Furini, Sigismunda con el corazón de Guiscardo, 1640, detalle de Sigismunda.

Vistiéndose, tropezaba en memorias tristes. Recordaba la faja que se ceñía con fuerza todas las mañanas y los mantos de paño grueso que acostumbraba a vestir para tapar sus vergüenzas.

Macías, penado de amor

San Pedro, Cárcel de amor, Barcelona, Juan Rosenbach, 1493, detalle de una estampa del salvaje.

Noches frente al espejo le advertían de su hechura pobre y desastrada: los ojicos llorosos, el gesto torcido, la color demudada... Si no le hablaba, no podía rechazarlo y, si no lo rechazaba, cabía esperar.

Magdalena

Casas, La Trini, circa 1916, detalle de la retratada.

Es ella. Por algún extraño motivo, es ella. Ella, sobre todo, cuando fuma y sube con el humo. Cuando busca la luz de la amanecida por los tejados. Cuando se ausenta quietamente y lo deja solo junto a los despojos de la lucha.

Maria

Felixmüller, Liebespaar von Dresden, 1928, detalle de la muchacha.

Ella estaba allí. Le costaba creerlo, pero ella se había aparecido a continuación de la página de su libro y se llegaba hasta él, a su encuentro.

Mateu, viudo

Junyent, La promesa, 1899, detalle del hombre.

El Mateu, con hache intercalada del latín Matthæus, se ha tenido siempre por un hombre digno, pasa que, de un tiempo a esta parte, va quedando menos del hombre que detenta la dignidad: «no puch amb la dona».

Miquel, hombrecillo

Luego conoció al Miquel y el Miquel, con su cara llena de granos, insistió en llevarla al baile de la plaza y bailaron, y mucho, y el Miquel, con aquella manera suya de explicarse sin decir nada, le enseñó después, en la escalera que lleva del puente viejo al molino, que sus mamellas podían muy bien llevar a un hombre a...

Pere, prometido

Toulouse-Lautrec, En la cama, 1892, detalle del muchacho.

«Prò... que no t'ho passes bé amb mi?» se cuestiona él sentado en sus tetas, con el pene en un puño y el pasmo en la cara.

Pura, puta

Dix, Älteres liebespaar, 1923, detalle de una vieja.

[...] si se quiere, se lee: «la noche q̄ llego la puta de ciento e veynte kg. yo estaua eſperandola. Ella era todo graſa por todas las partes & a de mas, no muy limpia».

Quico, maestro forjador

Toulouse-Lautrec, Busto de hombre desnudo, circa 1882, detalle del hombre.

Luego hablaron de otro joven, un tal Francesc, que batía el hierro al rojo vivo y tenía el pecho fornido y caliente como el horno de la fragua.

Remei, frutera

Sorolla, Joven andaluza, 1914, detalle de la joven.

[...] prefería darse una vuelta por los puestos de frutas y verduras. Solía ir a la Remei, una muchacha muy despierta y risueña, que vendía peras, manzanas y melocotones en la tienda más humilde de la plaza. Por humilde, vale leer pequeña, tanto, que todo allí se acumulaba, un poco como en ella.

Roc, bandido

Redon, Tras la ejecución, 1877.

Del salvaje Roc se decía que tomaba lo que quería cuando quería y que lo tomaba, si lo quería, a fuerza de cuchillo. Mataba. Mataba sin dudarlo y mataba porque quería matar.