Umbrario

La bestia de Castellterçol

Barroso, Panorámica de Castellterçol, 2014.

Cae la noche en Castellterçol. Todo está quieto, al fin. Un chaparrón, a última hora, ha sofocado los rigores del día. Los vecinos descansan tras otra jornada de trabajo. Las ventanas se abren a la fresca. Los balcones buscan la paz de la madrugada, aunque todavía es pronto. Pasan de las diez y cuarto del martes cinco de junio de 2012 cuando un rugido bestial desciende de los montes, alrededor. Son sólo unos segundos, pero son suficientes para sembrar el horror en la villa. La voz ruge hasta en cuatro ocasiones antes de desvanecerse en algún punto de la montaña. Los perros rompen a ladrar. No pocos vecinos se encuentran asomados a la calle, buscando en la oscuridad de los bosques, más allá. Nadie sabe qué ha sido eso. Nadie imagina qué ha podido ser, siquiera. Pero aquello está ahí, a unos metros de la puerta de casa. La policía municipal recibe una docena de llamadas en los minutos siguientes. Mireia F. leía un libro cuando oyó «un bram que feia basarda».Esto es, un bramido que causaba pavor. Bernardo J. estaba durmiendo y «aquellos alaridos espantosos» le quitaron el sueño. La Carmeta S., que recogía la cocina, se asustó tanto que rompió unos vasos «en escoltar aquell udol terrible».Es decir, los vasos se le cayeron al escuchar aquel aullido terrible. L'avi Miquel R. escuchaba la radio cuando le sobrevino «un esglai molt gran aquí, en el pit».O sea, un espanto muy grande, aquí, en el pecho. Fernando M. había salido a la terraza a fumarse un cigarrillo en el momento de oír los rugidos: «no era la primera vez que lo escuchaba». Sandra C. tocaba la guitarra en su dormitorio. Estaba ensayando una vieja melodía y le vinieron a la cabeza nuevos acordes para una canción popular. Se disponía a grabarlos cuando aquellos gritos bestiales irrumpieron en su habitación. Esta que sigue es la grabación de la bestia de Castellterçol:

En los días siguientes, el recuerdo de la bestia en la montaña despierta monstruos horribles en la imaginación de los castelltersolenses. Se conjeturan criaturas imposibles en base a los rugidos. Se consideran alimañas fuera de sitio, aberraciones de la naturaleza, mutantes. Pocas semanas después, Xavi B. habla de «un gorgoneig» en la madrugada, cerca de su casa.Valga gurguneo como traducción aproximada de la onomatopeya. Y dos adolescentes, Paula M. y Albert F., describen «una feram» rebuscando entre los contenedores de la basura en la noche del veintiuno.El testimonio de los dos jóvenes coincide en describir una fiera peluda, mucho más grande que un perro y negra a la luz de las farolas, aunque no acierta a ponerse de acuerdo en otros tantos pormenores. No trascienden más testimonios. A la bestia de Castellterçol, se la acusa, sin embargo, de la desaparición de algunos perros y gatos del vecindario. Por un tiempo, se habla de alien big cats en la zona y, finalmente, acaba circulando la historia del ligre escapado de can R. para explicar los rugidos de la bestia.De Ramón R., se dice que no sólo criaba pollos. Aficionado a la fauna exótica, consiguió una pareja de felinos para su colección: un león africano y una tigresa siberiana. Fruto del cruce entre ambos, nació el ligre fugado (panthera leo × panthera tigris) que da nombre a esta leyenda. No ha habido manera de averiguarlo. Desde la noche del martes cinco de junio de 2012, la bestia de Castellterçol ha guardado silencio.

Adenda de mayo de 2018.

A principios de 2011, se produjo un extraño avistamiento en el tramo de carretera que une Castellterçol con Sant Feliu de Codines. Miguel Ángel Cabrera fotografió una criatura que no ha sido identificada hasta la fecha. A juzgar por las imágenes, parece que se trata de algún tipo de cánido, no muy grande. Nada, salvo el lugar, vincula este encuentro con los sucesos de junio-julio de 2012. Nada, a priori. La noticia se difundió el domingo veinte de febrero de 2011 en el programa 223 de Cuarto Milenio.