
Tabla de contenidos
- I
- II
- V
- IX
- X
- XII
- XIII
- XIV
- XVI
- XVII
- XVIII
- XIX
- XX
- XXI (o encuentro posterior)
- XXII
- XXIII
- XXIV
- XXVI
- XXVII
- XXVIII
- XXIX
- XXX (orgullo militar)
- Epílogo al manuscrito del Lago
- Anexo I: Introducción a cargo de Lázaro de Borges
- Anexo II: Ornitología
- Anexo III: Entrevista a De la Perra
I
La puta
resignación
me dices.
La puta
decepción
me dices.
La puta
mediocridad
me dices.
En el espejo
se hunden
mis ojos.
II
no hay mayor
espacio
que la fina
capa oscura
que convierte el cristal
en espejo.
V
Siempre empezar
papeles libretas libros
Siempre empezar
miradas caricias
polvos niños
Siempre empezar
papel tabaco boquilla
cáncer
Siempre
Empezar
IX
:
;
las miradas de
asombro son
:
el vacío de
tu ojo izquierdo
en mi ventrículo
derecho
.
X
ausentarse
mediante afirmar
el mismo juego
el contexto general
innoble
mujeres
y viceversa.
XII
proyección rítmica
.
tú compás
..
idealización
.
tu sexo
..
XIII
disfrutar la ausencia
de tu coño
una vez otra otra
es dilatar
la incerteza
de volcarnos
una vez más
XIV
Me miras
sabes que te reviento
flor
pero me miras
es perverso
flor
pero te miro
Tú corrompida
Yo corruptor
me encantaría abrir
un nuevo
origen
XVI
cuando la pasión une
la frontera lingüística
desviste el contenido
universaliza la
forma
tan sólo
Yo
Tú
XVII
Niña nana
a mata de romero
niña nana
tus ojos negros.
XVIII
como ya no estoy
triste niña
no me quieres
como ya no llevo ojos
negros niña
no me quieres
como ya de ti no
dependo niña
no me quieres
como ya no me
consuelas niña
no me quieres
ahí te quedes
niña
ahí te quedes
XIX
la manera de yo quererte
no sea como las gentes piensen
el problema está en
la forma
lo hondo
la frontera
del mío quererte
XX
no culpo al destello
(esta vez no ha sido)
es la argolla del deseo
que me permite asirte
para poder morder
tu pelo
XXI (o encuentro posterior)
en no mirarte
delato
mis ojos
en no mirarme
delatas
los tuyos
eso que cuelga de tu argolla
es mi cadena
sólo ofrecémela
y nuestros ojos
serán uno
XXII
no creas que por ello
(despojar la dignidad
de tu origen
no es reto)
me voy a partir
los cuernos
XXIII
asesina
supuesta
goliárdica
supuesta
tirana
supuesta
la suposición se rompe
todo ternuras
me dice
la obertura
hacia tu pierna
XXIV
con recelo
tus ojos un mundo
de reojo
tu cuello el ofrecimiento
mecer tu pelo
delata
no lo supe ver
XXVI
mi entrepierna
vacía
la tuya
llena
las cosas no sucedan
tus ojos
entre el humo de tus labios
el vacío
las cosas no sucedan
te acercas
poco
a
poco
las cosas no sucedan
cierro los ojos
oigo cómo
me miras
las cosas no sucedan
tus piernas me rodean
yo en tu origen
era inevitable
XXVII
por todo mi cuerpo
haciendo eses
tu mirar
encaramado
a tu cuello
el mío
tu mentón
me increpa
¿necesitaba aprobación
para violar tus poros?
tu mirada
ignoro
tus labios
cómeme
tu andar
muere
XXVIII
tu boca
perra
ya marchita está
tus ojos
perra
terrible el miedo
que dan
como tu coño
perra
como tu coño
inmensidad
XXIX
absorber el líquido
de tus labios
secarlos secarlos
hundirme en las lágrimas
que corren tu cara
esparcirlas esparcirlas
inhalar el vapor
de tus párpados
desollarlos desollarlos
son
lo tangible
tu sombra
el recuerdo
tu ausencia
de ti
perra
eso me queda
XXX (orgullo militar)
la mirilla perfila
tu ojo
tu ojo codicia abrir
mi vacío
errar el primero
te desespera
esperas mi asomar
tras la lluvia de mortero
la muerte retumba
en el hueco de mis huesos
con cada huella de tu bota
es el momento
es la hora
la ausencia cinética
aborda los cuerpos
salir
del suelo
cayó el fusil
levantaste el metal
y dejar frío mi cuerpo
al suelo
enajenado aún pude ver
la artillería te abatió
ya sólo queda
disfrutar
tu silencio
Epílogo al manuscrito del Lago.
Mal llamado manuscrito, el impreso del Lago consta de cincuenta y tres páginas manuscritas sólo en parte. Se trata de una serie de correcciones al margen, cuando no sobre el mismo texto, y de varias anotaciones, de muy diversa naturaleza, entre las que se advierten, al menos, dos manos distintas. Una de ellas, según afirma el actual propietario del documento, del propio autor. El resto, esto es, la generalidad del testimonio, consiste en una serie de impresos al uso, sin numerar y sine die. Cabe, con todo, fecharlo en el otoño de 2005. Fue entonces que De la Perra se lo entregó en mano a su actual propietario y, en puridad, apenas hay obra publicada del poeta con posterioridad1. Teniendo en cuenta que la actividad literaria del poeta se desarrolla a lo largo del 2004 y en los primeros meses del 2005, el impreso del Lago debió ver la luz durante el verano de ese mismo año o días antes del célebre encuentro en el Lago. Las anotaciones, en palabras del propietario del documento, las realizó el mismo De la Perra en su presencia; preguntado por aquellas otras notas que pueblan el impreso, no se pronuncia y, a día de hoy, no se conoce que el testimonio haya estado en manos de terceros.
El impreso del Lago ofrece una primera portada en su cubierta. Ilustrada con una de las mujeres del neerlandés De Kooning, lleva por título Jettel que te quiero Jettel y anuncia la editorial, desconocida de otra parte, que tenía proyectada la publicación de la poesía de De la Perra: La Cesura. Sigue, stricto sensu, la portada del impreso y el título, esta vez, es Obras casi completas de Garcilaso de la Perra, cuya suerte entre el público ha sido menor frente al exitoso Jettel que te quiero Jettel de claros ecos lorquianos. Hay, a continuación, una escueta introducción de Lázaro de Borges que me limito a transcribir en el primero de los anexos2 y siguen, sin mayor preámbulo, los poemas reproducidos en el siguiente orden: I, II, V, IX, X, XII, XIII, XIV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXVIII, XXIX, XXIX y XXVII; aunque se hallan intervenciones de autor, las más de ellas responden a una segunda mano y no merecen mayor interés. Luego, raro caso, se leen diez y seis páginas de prosa, segmentadas en cuarenta y tres fragmentos, difícilmente atribuibles a la pluma de De la Perra. No descarto darlas al público más adelante. Y sigue, por último, la segunda versión de Jettel que te quiero Jettel, con una segunda portada que se ofrece más arriba, la misma introducción de Lázaro de Borges y los poemas, en esta ocasión, intervenidos únicamente por su autor. La colección se amplía con seis nuevas composiciones: XXII, XXIII, XXIV, XXVI, XXVII y XXX; este último, como el poema XXIX de la primera versión, aparece por dos veces, aunque, en la segunda de las copias, se halla la lección definitiva del título, XXX (orgullo militar), y la firma autógrafa de De la Perra, acompañada por una curiosidad que toma la forma de una nota al pie de página: Realizar una firma de ejemplares (idea).
Dadas las circunstancias, he dado en llamar L1 a la primera de las versiones de Jettel que te quiero Jettel y L2, a la segunda, que, aunque segunda, ha gozado de prioridad frente a las variantes que haya podido encontrar porque, como está descrito, está fuertemente autorizada. Es más, la disposición de las versiones no tiene, en este caso, mayor trascendencia; parecen, simplemente, lo que antaño llamaban galeradas, puestas, una antes, otra después, en un carpesano, con la salvedad de que L2 cuenta con la firma de su autor. Esto baste por ahora.
La muerte de Garcilaso de la Perra en la primavera del año 2007 nos ha privado de una de las voces más descarnadas, en tanto que desnuda, de la poesía castellana de este incipiente siglo XXI. Fantasear con las cotas que podrían haber alcanzado sus versos de nada ha de valernos y menos aprovecharnos. Para eso, precisamente, está esta primera edición de su obra: si Garcilaso las quiso casi completas, la muerte hubo de completarlas por siempre. Así reviente.
Ernesto Barroso
Sant Feliu de Codines
Agosto de 2011
Anexo I: Introducción a cargo de Lázaro de Borges.
El siguiente poema es con el que quedó bautizado Garcilaso de la Perra. No fue el primero de él. Pero sí el primero con su nombre, «puesto por una bella dama en una cantina que el poeta frecuentaba en la época».
Esperpento esperpento
pudiéndonos ir de carnaval
preferimos el lirismo
de un postmoderno
en un Cadalso
que alfalfa no tiene
si echas a volar
A partir de este poema, De la Perra cambió su perspectiva en lo que hace referencia al tú lírico de sus composiciones.
Anexo II: Ornitología.
Texto publicado en el número cuatro de Chomsky no lo haría (diciembre de 2005).
Me está mirando.
Mientras habla
Me aseguro de que no haya sido fortuito. Lo hago con disimulo.
saco la libreta y me pongo a escribir. Para que no se ofenda, de vez en cuando, hago un gesto afirmativo con la cabeza y lo intercalo con algún que otro ruidito nasal con la misma voluntad. Sigue contando yoquesequé sobre sí. Al verme empuñar el bolígrafo sin usarlo, hace ademán de increparme, pero me adelanto:
—Sigue, te escucho.
Evidentemente es falso. Aún así ella sigue por donde parece que lo dejó.
La voy mirando furtivamente. Ella hace lo mismo. No sé aún qué ponerle.
Le cojo un cigarro y bebo un poco de su cerveza. Se me hace imposible asimilar una sola frase completa.
Le escribo: «gorriona, gorriona
[?]». Firmo, arranco la hoja y me levanto.
Se calla de golpe.
Mientras me acerco a ella,
Me pregunta adónde voy.
me voy poniendo nervioso gradualmente. Me mira de reojo y al ver que me acerco gira la cara hacia su interlocutora de la derecha. Yo miro hacia todas partes excepto a su mesa. Cuando llego, le acerco la hoja
Eran miradas de asombro.
y nos miramos un instante muy breve, como el resto de las veces. Me doy la vuelta, camino hacia mi mesa, tras lo que estalla un rumor gallináceo.
Me siento en la mesa, me acabo su cerveza y le cojo un cigarro. Me pregunta:
Eran miradas de asombro.
—¿La conoces?
—No.
—¿Entonces?
—Me estaba mirando.
Anexo III: Entrevista a De la Perra.
Texto publicado en el número cero de CAJÓN DEsastre (enero de 2007).
—Muy buenas tardes señor De la Perra.
—Buenas tardes.
—¿Cómo se siente después de la última publicación de un pedazo de servilleta?
—Pues, la verdad, no me acuerdo. Hace ya mucho tiempo. Estoy en trámites de jubilación.
—No me refería a usted, sino al incipiente mercado de publicación de pedazos de servilletas, es evidente que usted fue uno de los precursores.
—Me parece muy bien, es un mercado extraordinariamente complejo (ríe).
—Bueno, dejemos de lado esto y aprovechando que lo menciona, ¿qué nos puede decir de la nueva publicación Cajón DeSastre?
—Usted dónde se licenció, ¿en ciencias de la comunicación? Aún así contestaré a su pregunta: Visto que aún no está en papel, y que aún no se sabe cuánto tardará en publicarse el primer número, no puedo decir mucho, pero el piloto tiene buena pinta. De momento, no sé si colaboraré. Primero quiero ver la forma que toma el proyecto.
—¿Puede matizar?, es decir, ¿qué quiere decir con lo de la "forma"?
—¿Entiende usted la expresión "Ver por dónde van los tiros"?
—Sí, y usted, ¿entiende la expresión "Salirse por la tangente"?
—Creo que no estamos aquí para valorar mis conocimientos folklóricos.
—Es cierto, entonces vayamos al grano. ¿Qué es eso del funeral de Chomsky no lo haría?
—(Cara de asombro) Fue algo muy triste, no como los funerales de hoy en día: No hubo catering, ni tan siquiera una procesión de plañideras. Hacía un frío espantoso y estábamos los cuatro sin saber qué decir.
—(Se despierta) Muy interesante, pero ¿de aquí debo deducir que lo que nos quiere decir es que la revista pasó a mejor vida?
—¿Pero usted me escucha cuando hablo?
—¿Perdón?
(El señor De la Perra se marchó sin responder)