Llibre dels homes

Nota del editor

Fue en una noche de tormenta, en la casa de verano de los Puig, sita en Villamaniscle, cuando este humilde aprendiz de editor se topó con un librito muy viejo y precioso. Corría el mes de agosto del año 2007. Cierta desazón, que me impedía el sueño, me llevó insomne hasta la estantería del dormitorio, en su busca. Era inevitable. Leí las líneas de La finestra del call y de El replà entre la maravilla y el asombro. Luego quise leer más y abrí el librito entre los truenos, por cualquier parte: caí entonces en mitad de los hechos de El llibertí­ i la nimfa y, para cuando quise darme cuenta, era ya demasiado tarde.

El hechizo de aquella obra había surtido un efecto fatal en mí.

El Llibre dels homes es una colección de veinticuatro cuentos castellanos sine nomine et sine die. El ejemplar de Villamaniscle es un libro en octavo cuya portada declara sin rubor «libro dicho de los hombres de dulce leccion & prouechoſa enseñanza» y está editado por Roig i Cia. en la villa de Caldes de Montbui, en algún momento (por fuerza) del siglo pasado.

El texto se imprime en dos hermosas columnas con filete, a dos tintas: el negro de humo se usa regularmente, en la prosa de los párrafos, y el bermellón de holanda se reserva para el título de los cuentos, en mayúsculas. El tipo, si no idéntico, es muy semejante al empleado en el Arte de escribir de Francisco Lucas (Madrid, 1570) y las letras capitales que dan comienzo a los cuentos que no irrumpen in media re parecen recuperadas de las florecientes imprentas valencianas de primeros del XVI (Orta, Gumiel, Costilla, etcétera).

Las páginas aparecen numeradas al uso y las cabeceras refieren todas el nombre del cuento que recogen (salvo la primera, donde ya se manifiesta el título). Cada pieza de la colección arranca en una plana impar y, al cabo de cada página, siempre que procede, se anticipan algunas sílabas de la primera palabra de la página siguiente según era costumbre en la antigüedad editorial.

La colección está escrita enteramente en castellano. El editor o editores de este Libro de los hombres no respetaron el juego de voces que propone la obra y tradujeron sin variación los versos de March y de mossèn Cinto Verdaguer, así como los motes vulgares que van en boca del pueblo. Comprendieron, sin embargo, la fuerza de los latines dichos en latín y, probablemente, no fueron capaces de romanzar el griego de Eurípides, ni se atrevieron con el francés de Sade o de Baudelaire. Tampoco tocaron la cancioncilla galaicoportuguesa de El cavaller i la dona santa, por no saber qué hacerle, ni las voces toscanas del maestro pintor del Retaule (mención aparte merece la jerigonza imposible con que principia El boch de vall).

Comencé con la edición de esta obrita en el otoño de aquel mismo año, el 2007. Más allá de normalizar el texto (acto, por lo demás, perverso y generalmente deleznable), me propuse restituir el juego de voces de la obra poniendo en catalán lo que estaba en catalán. Por aquel entonces, todavía no conocía la rara edición de Sant Feliu de Codines, ni los papeles del número 4 de la calle de la Lleonarda, pero sabía de los usos preciosos de cierta tradición (transmitida textualmente) que no podía no considerar.

Dada mi formación como filólogo del castellano, pocos accidentes literarios me resultan más simpáticos que el del autor culto con una oreja puesta en la calle. Así, Menéndez Pidal y su Flor nueva de romances viejos. O Lope de Vega y su caudal de cancioncillas populares. Siglos antes, y siguiendo por esta misma senda, están Gil Vicente, Íñigo López de Mendoza o Juan Ruiz, que deja escrito para siempre el cantar serrano que empieza diciendo:

Salteome la serrana

junto al pie de la cabaña

Y mucho antes, que es ya al principio de las nuevas lenguas latinas, se alza contra el tiempo la figura del poeta de Cabra, que compone una moaxaja en función de un estribillo que va en la lengua del vulgo, ya sea árabe o romance.

En suma, los autores de esta cuerda reparan todos en una lengua más fresca y espontánea que la suya. Aburridos, acaso, de los consonantes y de la carga del artificio genérico, abren de par en par las ventanas de su obra a la claridad del día, afuera, y dejan que corra el aire de la calle por sus versos (cfr. La finestra del call). Estos autores, de alguna forma, enfrentan las formas clásicas a las nuevas, que van en boca de la gente, libres, y las dejan escritas, aunque sólo sea por su gusto, para la posteridad.

El autor (si sólo es uno) del Llibre dels homes también participa de este juego: conjuga su propia voz narrativa con la voz de la calle, del libro y del camino y, como el poeta de Cabra, pone el valor justamente en la voz, como expresión irrepetible, única, sin importarle mayormente la lengua en que se pronuncie. Luego, según se observa en las citas de Ovidio, el Calila e Dimna y Gautier, el autor del Llibre dels homes realiza cada mención en la lengua de su original (con la salvedad del catalán en la edición de Roig i Cia., como tengo dicho).

Pero aún hay más, pues el juego de voces de esta obra se extiende, además, a la reproducción literal de canciones, farsas y fragmentos de libros (sean o no ficticios) y el editor (si sólo es uno) del Llibre dels homes subraya este otro ejercicio vistiendo cada pasaje de la obra en un tipo de imprenta distino, adecuado y, por lo demás, decoroso (esto es, acorde en la medida de lo posible a la naturaleza del texto reproducido).

En fin, dada la propuesta propia del Llibre dels homes, no podía no restituir el juego de voces de la obra poniendo en catalán lo que estaba en catalán. He de decir que no andaba descaminado. Unos años después, a finales de diciembre de 2010, topé sin quererlo con un ejemplar del Libro de los hombres, sine nomine et sine die, publicado en el municipio vecino de Sant Feliu de Codines. Este ejemplar, aunque resulta muy parecido al impreso de Caldes de Montbui, no es idéntico en todo.

Algunos de los motes vulgares que van en boca del pueblo aparecen en sus respectivas lenguas, id est, el castellano o el catalán vernáculo (véanse La plaça del forn, La font del dimoni, El boch de vall, Rera la tàpia, Faula de l'unicorn i la bagassa o Lo somni del mestre). Es más, cuando se cita a March y a mossèn Cinto Verdaguer, se refieren sus palabras según corresponde, es decir, los versos de March se reproducen en su valenciano tardomedieval y los de Verdaguer, en su catalán prenormativo.

El editor o editores del Libro de los hombres de Sant Feliu de Codines debieron obrar antes y con mayor cuidado que los Roig i Cia. de Caldes de Montbui. Los propios documentos así lo prueban, pues es harto improbable que los editores de Sant Feliu de Codines enmendaran por cuenta propia (ope ingenii) algunos pasajes de la obra original, introduciendo de forma caprichosa un puñado de motes catalanes en mitad de una prosa esencialmente castellana, y, de otra parte, es mucho más probable que Roig i Cia. probaran fortuna con una tirada de libros en una única lengua, el castellano, después de comprobar el recorrido (más o menos feliz) de la edición codinenca.

Los papeles del número 4 de la calle de la Lleonarda aparecieron en octubre de 2012. Estuvieron guardados en un cajón durante décadas. El local fue, en su día, una pequeña imprenta conocida en el pueblo por la producción de pliegos de cordel sencillos y humildes, de gusto popular. Llevaba el nombre de su primer impresor conocido, Josep R., y publicó, a lo que parece, una edición catalana del Libro de los hombres.

De omine o Llibre dit dels homes, Poderna, Josep R., sine die.

El número 4 de la calle de la Lleonarda se encuentra, con sus papeles, en el casco antiguo de Caldes de Montbui y la casa (en este caso, la imprenta) de Josep R. se encontraba en la «muy vieja Poderna». Esto es cuanto se dice al respecto del DE OMINE o Llibre dit dels homes en la portada de prueba (18,5 x 12,25 cm, a una tinta) que se halló entre los papeles del número 4 de la calle de la Lleonarda.

El resto son los documentos propios de la gestión diaria de una imprenta al uso. Leyéndolos, se aprende, sin embargo, que el DE OMINE era una colección de veinticuatro cuentos catalanes (a juzgar por sus títulos) divididos en cinco capítulos: Els carrerons dels hòmens, Llengoteigs de monestir, Homenots de la terra, Marbre i gebre y La boscúria. Huelga decir que los títulos del DE OMINE se corresponden uno por uno con los títulos del Libro de los hombres como huelga decir que los últimos son (por fuerza) una traducción de los primeros.

Basta con conocer la toponimia local para comprenderlo: La font del dimoni y La font de l'escala, así como El gorg d'en Pèlach (on no hi passa la llum), son lugares propios de la villa de Caldes de Montbui y sus alrededores. El puig de la Creu, por su parte, es una cumbre cercana, entre Sentmenat y Castellar del Vallès, y els Sots feréstecs aluden a la salvajura de los riscos de Bertí, entre Sant Quirze Safaja i Riells del Fai (vista familiar, por lo demás, desde los montes de la villa termal).

Dispongo, pues, de dos ediciones castellanas del Libro de los hombres (Sant Feliu de Codines y Caldes de Montbui) y de los papeles del número 4 de la calle de la Lleonarda para la edición de este Llibre dels homes. Aunque carezco de fechas, todo parece indicar que la imprenta de Josep R. publicó su DE OMINE de veinticuatro cuentos catalanes en primer lugar. Según los papeles del número 4, el editor o editores del Llibre dit dels homes no encargaron ni se ocuparon de ninguna traducción y, considerando la toponimia local, los títulos de, al menos, cinco cuentos debieron publicarse originalmente en catalán.

La edición de Sant Feliu, atenta al juego de voces propuesto en la obra, vino a continuación y Roig i Cia. publicaron su traducción poco después. Pero, si la «muy vieja Poderna» no es (en efecto) un espacio literal, cabe pensar que la imprenta de Roig i Cia., sita también en Caldes de Montbui, realizara su propia edición del Libro de los hombres sin tener en cuenta el recorrido (más o menos feliz) de la edición codinenca. En tal caso, la edición de Sant Feliu se propondría a sí misma como una enmienda a la intromisión de Roig i Cia. en el texto del DE OMINE.

No importa. En cualquiera de los supuestos, la edición codinenca dispuso del texto original, en catalán. No hay otra forma razonable de explicar el acierto de sus variantes, un puñado de motes catalanes en mitad de una prosa esencialmente castellana.

Esta edición del Llibre dels homes se compone, pues, a partir del texto castellano de la edición de Sant Feliu, restituye los títulos originales, en catalán, de sus cuentos y recupera el orden por capítulos del DE OMINE a la espera del hallazgo de un ejemplar (si no en Villamaniscle, en Gallifa) del Llibre dit dels homes.

Dicho esto, sólo espero que un ejemplar de esta mi edición descanse un día en una estantería del Villamaniscle del lector que busca, sin sueño, algo que leer. Viendo el libro en sus manos, entre trueno y trueno, no podrá reparar nunca en que alguien lo puso allí porque alguien, antes, lo había impreso. Y, antes, hubo quien lo editó y, antes de las muchas ediciones, hubo quien lo compuso. Este alguien último, anónimo y solo, estuvo alguna vez en las calles de la antigua villa de Caldes de Montbui. Solo y triste, en los barrios sombríos de su Poderna natal.

Ernesto Barroso

Caldes de Montbui

14 de enero de 2020