Encarnació, hija del mercero

Gutiérrez Solana, Las chicas de la Claudia, 1929, detalle de un otra chica.

¡Que iba nadie a componer nada mirando la su figura! Tiene el pelo negro como el hollín y la mano es grande y recia, de dedo gracioso pero rechoncho, y la cadera con la cintura es todo una, que no se aprecia en ella el talle feliz de otras mujeres. Las tetillas las recoge en un trapo, bien arriba, y los ojos, pues son como tantos otros: oscuros, redondos y chicos... Pero no le importa. Ha sido siempre así.

Plano secuencia de las lavanderas

Mayordomo, Safareig, 2011.

Cuatro arcos para cuatro ventanales. La luz de la mañana rompe en el agua de la pila y su reflejo naufraga a manos de tres jóvenes que frotan y aclaran la ropa que traen en los cestos de mimbre. La espuma se derrama en ondas cada vez...

Las lecciones de l'Encarnació

Se añora de hace un rato, cuando estaba metida en la cama y el sol se colaba por la ventana de su habitación. Las sábanas le estaban haciendo mucho bien desque la despertara el ruïdo de la hora fabril que lleva a la gente de un...