Encarnació, hija del mercero

Gutiérrez Solana, Las chicas de la Claudia, 1929, detalle de un otra chica.

¡Que iba nadie a componer nada mirando la su figura! Tiene el pelo negro como el hollín y la mano es grande y recia, de dedo gracioso pero rechoncho, y la cadera con la cintura es todo una, que no se aprecia en ella el talle feliz de otras mujeres. Las tetillas las recoge en un trapo, bien arriba, y los ojos, pues son como tantos otros: oscuros, redondos y chicos... Pero no le importa. Ella ha sido siempre así.

Las lecciones de l'Encarnació

Se añora de hace un rato, cuando estaba metida en la cama y el sol, muy perezoso, se colaba por la ventana de su habitación. Las sábanas le estaban haciendo mucho bien desque la despertara el ruïdo de la hora fabril que lleva a la gente...

L'Encarnació y el hechizo del florentín

Tarde en la tarde, se aventura en el interior de aquella librería vieja y de viejo. El lugar se le antoja oscuro y polvoriento. Hay montones de libros por doquiera que mire y nadie que la atienda. Parece que está sola entre cientos de voces calladas. ¿Por...