Las marítimas

Tinc l'amarga enyorança d'aquell temps de les Èglogues

Vicent Andrés Estellés

Égloga II

BELONA

Ponme un zumo de piña.

GALATEA

Ponme un zumo de piña. Una caña

para mí. ¿Dónde dices que quedamos?

BELONA

Delante del Mc Dönner.

GALATEA

Delante del Mc Dönner. Mira quiénes

se acercan. Son Silvano y Gavilán.

BELONA

Sí, ya los veo. ¡No! ¿Pero qué haces?

GALATEA

Si solo los saludo… yo pensaba

que querías quedar con Gavilán…

BELONA

Sí, pero al otro no lo quiero ver

ni en pintura, después de aquella…

GALATEA

ni en pintura, después de aquella… Oye,

dice Varinia que si va a buscar

fliers para el Arcadia.

BELONA

fliers para el Arcadia. Mejor no.

GALATEA

Dice que ya ha pasado más de un año,

que no puedes seguir así, de morros,

tendrías que poder ir donde quieras

que nos perdemos las mejores fiestas.

BELONA

No me hagas recordar…

GALATEA

No me hagas recordar… Eso Varinia,

yo creo que recuerdas demasiado,

que te dejas llevar muy a menudo

por el vapor de la melancolía.

BELONA

Sus brazos sudorosos rodeando

aquella cinturita mantecosa,

aquella piel rosada… y sus dedos,

sus dedos afanados que buscaban

la sombra nórdica del bañador,

y los dedos, menudos y rosados,

guiando su torpeza y la soltura

de la fresca sonrisa y sus caderas,

las caderas trotonas y su boca

babosa y lela, borracha y caliente,

bebiéndose los gélidos corales

de su cuello polaco, de su oreja

polaca y los cabellos, rubios, lisos

y polacos.

GALATEA

y polacos. Que dice que te diga

que te dejes de cuentos y que Marco

ha preguntado si vamos a ir.

BELONA

Prefiero que salgamos otra noche

que no estén ellos.

GALATEA

que no estén ellos. Pues, ¿y Gavilán?

Así verá que ya es agua pasada.

BELONA

¡¿Adónde creen que van?! ¡Será por sitios!

GALATEA

¡Jo, tía! ¡Vaya pronto! No les eches

esas miradas que parece que

maldigas su casa y su familia.

BELONA

Calla, que así nos dejarán tranquilas.

Lo veo a él y veo sus zancadas

de rústico pastor chapoteando

entre el alcohol, las risas y las palmas,

entre el rebaño de rosadas guiris,

tras la cortina de patas de gamba

y los ingleses borrachos del pódium.

GALATEA

Míralo, frente al mar, mientras sus ojos

los traga la resaca, ves, se aferra

a sus rodillas, a un madero oscuro.

BELONA

Si tiene a Gavilán, que él lo socorra…

GALATEA

¿Gavilán? Nunca entenderá a Silvano

necesita otro tipo de persona…

BELONA

Y tú te ofreces voluntaria.

GALATEA

Y tú te ofreces voluntaria. ¿Yo?

La verdad, no lo hubiera dicho,

siempre creí que vendría conmigo.

BELONA

¿Podrías confiar en él después

de lo que hizo?

GALATEA

de lo que hizo? No fue para tanto.

BELONA

¡¿Cómo puedes decir?! Mejor dejémoslo.

Voy al baño, pregúntale a Varinia

si pueden ser mejor para el Calipso.

GALATEA

Ven, Silvano, naufraga en la tormenta

de mi pecho frondoso, y en mis besos,

las olas de mis besos, llegarás

a una playa sin tiempo ni pasado.