Retaule del mestre pintor

eatrillo pobre (el bululú se está dentro) y una voz solemne que anuncia el comienzo de la farsa sobre el trasiego de gentes en la calle. Se abre el telón. El maestro pintor se aparece de espaldas al público: está pintando un retablo rico en fantasías, feliz en sus fábulas, con dignidad demiúrgica. Está solo. El lugar, una iglesia imaginaria, lo iluminan las puertas abiertas de par en par al campo; por causa de ventanales desnudos, colores muy vivos (sobre un cartón) semejan el cielo de mañanas abrileñas. Llegan el trino y rumor de la pineda. El maestro pintor, cierto aire de calcetín, recuerda desde el andamio: son estampas, sus recuerdos, de tierras lejanas, pretéritas. Se suceden pasos fuera (la lengua contra el paladar). Entra por la derecha el benefactor: mueve alegremente los brazos (meñique y pulgar) de camino al retablo.
BENEFACTOR
Entre aspavientos ¡Bárbara salvajura! ¡Pensamiento indómito! ¡Criatura cruel… cómo hace para que le salgan unas mujeres tan hermosas?
MAESTRO PINTOR
¡Memorias de Italia… mujeres que allí he visto y que aquí les traigo!
BENEFACTOR
¡Debió soñarlas, maestro!
MAESTRO PINTOR
¡No debrían ser otra cosa que sustancia y sustento de nuestros sueños, il mío Signorotto!
BENEFACTOR
Histriónico ¡Pero cómo! ¡Qué iba a ser entonces de nuestras manos? Ríe, sacudiendo el barrigón: un relleno de algodón ¡Qué carajo: bien merece su título, maestro!
MAESTRO PINTOR
Señalando con el pincel A vuecencia lo pondré aquí (de rodillas).
BENEFACTOR
¡Bravo! ¡Bravísimo!
MAESTRO PINTOR
Claro que debrá antes pasarse por mi taller: necesito tomar nota de su perfil.
BENEFACTOR
Se hará, se hará (a su debido tiempo). Antes ha de venir a mi casa, esta misma tarde, que quiero que pinte las paredes de mi patio… con otros motivos más privados.
MAESTRO PINTOR
Sepa, Signore, que es mucho el trabajo aquí… ¡Mucha la madera que costea!
BENEFACTOR
Nada. No se preocupe, maestro, ¡que ha de pintar esto y aquello! Recuerde: esta misma tarde ¡sin falta!
Vase. Nuevos cartones para el patio en palacio: luz vespertina, sol poniente, alegre vuelo de golondrinas. Alta pared al fondo, partida duramente por la sombra reclinada de un torreón; varia especie de frutales enanos; por cada columna, un rosal encaramado y, en el centro, un amorcillo de piedra haciendo pis de continuo. El maestro pintor se vuelve: está pintando un mural (algunas figuras paganas) al temple. Entra por la derecha la niña, perfil de media y rodete, con un vaso de agua fresca en una bandeja.
NIÑA
Mucha calor, ¿verdad?
MAESTRO PINTOR
Verdá. Bajando del andamio Ven aquí niña… Deja que te vea: ¿Qué años tienes?
NIÑA
Diez y siete, maestro.
MAESTRO PINTOR
¿Sirves en la casa?
NIÑA
Sirvo a mi padre.
MAESTRO PINTOR
Benissimo.
NIÑA
Maestro, puedo saber…
MAESTRO PINTOR
¿Qué cosa?
NIÑA
¿Qué está pintando?
MAESTRO PINTOR
Ausencia, gente que no está, que se ha ido. Señalando un laurel He ahí una ninfa… el rastro del aire… nubes que pasan (que han pasado). Lágrimas que los amantes han descuidado en las briznas de hierba… pasos, huellas…
NIÑA
Y… ¿esa?
MAESTRO PINTOR
¿Esta?
NIÑA
Sí ¿quién es?
MAESTRO PINTOR
Nuestra niña (porque tú te vienes conmigo donde yo vaya). La cría, blanco salpicado de rojo, corre hacia un grupo de cipreses salvajes Fíjate: trae los dedos sucios de jugar con amapolas…
NIÑA
Y ¿dónde vamos?
Vanse: el día y ella. Cae la noche, terciopelo negro: a través de la ventana, fulgura la plata de estrellas y luna. Cuarto creciente. Estrellas de cinco puntas. La habitación late en penumbra (ocres sobre siena tostado): botes, agua sucia, ropa usada, pinceles, flores marchitas, vasos, telas manchadas, zapatos, apuntes por el suelo, platos, papeles arrugados, velas, paletas disecadas… El maestro pintor, con un pie en el taburete, está dibujando mujeres nuevas. Suenan cascos en el empedrado (la carrera es cansada). Alguien baja. Alguien llama: «toc-toc-toc» en la puerta y «Avanti!» carboncillo en mano. Entra por la derecha la dama de negro, pálida muñeca de trapo, penosamente precedida del frufrú del luto. El carruaje, somnolientos los caballos, espera fuera.
MAESTRO PINTOR
Madonna, ¿qué se le puede ofrecer a estas horas en casa de un artesano humilde, pobre y bueno?
DAMA DE NEGRO
Un cuadro para soñar.
MAESTRO PINTOR
Ofreciéndole una silla Prego.
DAMA DE NEGRO
Desde que muriera mi marido, desde que me dejara sola con su dinero, mis noches han sido ¡son! pozos sin fondo, ciegos, inacabables… ¡Sordas a mis súplicas! Suspira largamente Maestro, he dejado de soñar.
MAESTRO PINTOR
Non è possibile!
DAMA DE NEGRO
¿Pintará un cuadro para mí?
MAESTRO PINTOR
Veramente.
DAMA DE NEGRO
¡Pronto!
MAESTRO PINTOR
Ma, Madonna, yo he de conocerla primero: he de saberla…
DAMA DE NEGRO
Pagaré.
MAESTRO PINTOR
Estas cosas, Signora, llevan su tiempo… y yo, la iglesia en la mañana, el palacio…
DAMA DE NEGRO
Pagaré (digo).
MAESTRO PINTOR
¡Son horas… el retrato, llegar a tenerla!
DAMA DE NEGRO
Pagaré (he dicho).
MAESTRO PINTOR
Allora…
Se encoge de hombros y busca-rebusca por toda la habitación, a lo largo del escenario, algunos útiles de pintura.
DAMA DE NEGRO
Ensayando su perfil mejor Me pongo en sus manos, maestro… Maestro, acudo a usté, he venido a usté por letras de terceros… porque he sabido que nunca un pintor quiso tanta luz para un lienzo…
MAESTRO PINTOR
Fui muy antes pintor de demonios, Madonna. Prefigura la composición del cuadro Póngase…
DAMA DE NEGRO
Irguiendo el busto ¿Cómo?
MAESTRO PINTOR
En la cama.
DAMA DE NEGRO
¿En la cama dice?
MAESTRO PINTOR
Todo lo que queda de aquellos mis demonios, femme terrible, es el abismo en que ha de aparecerse tu desnudo…
DAMA DE NEGRO
¿Mi desnudo dice?
Vase. Luz de tarde para cartones palaciegos: las mismas pared alta y sombra; los mismos frutales y rosales. Un mismo amorcillo de piedra para una misma meada. Otras golondrinas, la misma alegría. El maestro pintor se sube al andamio: está pintando un paisaje florentino de cielo profano. Entra por la derecha la niña, perfil de media y rodete, con un mismo vaso, distinta agua, en una bandeja.
NIÑA
Traigo agua.
MAESTRO PINTOR
Va bene… Déjala ahí cerca.
NIÑA
Maestro, ¿en qué trabaja con tanto cuidado?
MAESTRO PINTOR
Rompo el muro, mi niña.
NIÑA
¿Con un pincel?
MAESTRO PINTOR
Con un pincel.
NIÑA
Maestro, puedo preguntarle…
MAESTRO PINTOR
¿Qué cosa?
NIÑA
¿Quién era la dama?
MAESTRO PINTOR
Aparta la mirada del muro Tráeme aquel papel, niña… junto a mis cosas.
NIÑA
Tenga (Ten).
MAESTRO PINTOR
Es un regalo: es para ti.
NIÑA
Sin llegar a esconder una sonrisa, despliega el papelote dos veces doblado: al contemplarlo, se ilumina su rostro ¿No me lo va a explicar?
MAESTRO PINTOR
Per forza… Ella, aquí, viene de poner las nubes en un cesto: viene de puntillas, sin rubor, diciendo que trae nubes cuando quería flores… (flores, dice, para coronarnos de primavera). Pide que nos echemos en la verdura, aquí, para detenernos en el contorno de las hojas, para hablarnos al oído, para decirnos «he guardado todos estos años tu amor, el primero, aquí (en el pecho)» y así, más felices, inventar en el cielo, en su cesto, febales criaturas, fieras amables, titanes sin sombra, a la carrera: «He ahí un fauno» «¡Gran cabrón!» «¡Allí el corro de doncellas!» «¡Los pies desnudos!» «Gesto placiente…» «Mira: nuestro amor, a la deriva…» «¿No es arlecchino?» «¡No…!» hasta la inminencia del beso, en la mejilla, en el cuello… Beso o tierno mordisco, son rojas las rosas del pecho…
NIÑA
Y ¿después?
MAESTRO PINTOR
Seguirán jugando mientras mires.
NIÑA
¿Así siempre?
MAESTRO PINTOR
Claro, mi niña.
NIÑA
Maestro…
MAESTRO PINTOR
Dimmi.
NIÑA
¿Me dirá ahora quién es la dama?
MAESTRO PINTOR
¿Ves la casa, lejos, en el horizonte?
NIÑA
Sí.
MAESTRO PINTOR
Allí queda: ¿no estás tú aquí?
NIÑA
¿Qué quiso tantas noches?
MAESTRO PINTOR
Un desnudo y un…
NIÑA
¿Un desnudo dice?
MAESTRO PINTOR
Sí, y un…
NIÑA
Quiero que me retrate, maestro.
MAESTRO PINTOR
Ma…!
NIÑA
También yo.
MAESTRO PINTOR
Signorina…
NIÑA
¿Signorina qué?
MAESTRO PINTOR
Está bien: pintaré tu desnudo.
Vase (tan contenta). Habitación abierta a la frescura del nuevo día (azules sobre todo); a través de la ventana, recibe un cuadro la luz de la mañana: blanco contra negro para el desnudo de la dama (bajo velos improvisados, afloran como fantasmas pezones y vello). La cama está sin hacer. Cacharros. Trastos por el suelo. Hay un segundo lienzo sobre un caballete (de espaldas al público); tras éste, está el maestro pintor limpiando sus pinceles. Entra por la derecha el benefactor, la barriga por delante: se detiene frente al retrato de la dama.
BENEFACTOR
¿Será este mi desnudo?
MAESTRO PINTOR
Oh, no, no…
BENEFACTOR
Todo ese pelo… ¿acaso se arrepintió, maestro?
MAESTRO PINTOR
No yo: la Signora (después).
BENEFACTOR
¿Será posible?
MAESTRO PINTOR
Supo convencerme (créame).
BENEFACTOR
¿A usté?
MAESTRO PINTOR
La muy zalamera, ya sabe…
BENEFACTOR
¿Yo? Risueño No, ¡no lo sé…!
MAESTRO PINTOR
¡Insistió hasta que cubrí con trapos las partes pudendas!
BENEFACTOR
Riendo ¡Qué no puede una mujer en un hombre?
MAESTRO PINTOR
¿Qué hombre…? ¡Un guiñapo!
Repetidas carcajadas: «jo-jo-jo-jo-jo».
BENEFACTOR
Reponiéndose ¿Y mi cuadro más privado?
MAESTRO PINTOR
Ecco!
BENEFACTOR
¡Oh!
MAESTRO PINTOR
Todavía está fresca (de esta noche).
BENEFACTOR
Admirado Maestro es…
MAESTRO PINTOR
Toda suya.
BENEFACTOR
¡Al modo de las de Tiziano!
MAESTRO PINTOR
Prego…!
BENEFACTOR
Venus ejemplar, ¡ésta no la trajo de la Italia, canalla!
MAESTRO PINTOR
…la he trovato qui.
BENEFACTOR
¡Sabré dónde!
MAESTRO PINTOR
…la signorina è… molto bella, vero?
BENEFACTOR
¡Maestro, hame enamorado como se enamora a los muchachos y a los poetas! Pero ¿cuándo ha de acabarla?
MAESTRO PINTOR
No sé, Signorotto, si he de acabarla…
BENEFACTOR
¡Cómo dice?
MAESTRO PINTOR
Quiero decir: ¿qué más necesita?
BENEFACTOR
Maestro, no alc…
MAESTRO PINTOR
Tiene frente a sí al cuerpo desnudo, yacente… Vea el cuello, los hombros, los brazos apenas… ¡Observe qué manos!
BENEFACTOR
¡Una finura! ¡Cuál si pudieran tocar!
MAESTRO PINTOR
Están las mamm…
BENEFACTOR
¡Nunca vi tetillas tan dulces!
MAESTRO PINTOR
…el vientre gracioso…
BENEFACTOR
¡El ombligo: un bocado!
MAESTRO PINTOR
…y las caderas, la curva de las caderas y el…
BENEFACTOR
Sí, ¡tan delicado y delicioso…! O ¡los muslos!
MAESTRO PINTOR
…los muslos, sí, y poco más.
BENEFACTOR
Y ¿el rostro?
MAESTRO PINTOR
¿Qué rostro querría ver?
BENEFACTOR
Er… no sé decirle… está sin nariz, ni ojos, ni…
MAESTRO PINTOR
Imagine, de cuantos ha visto, el que prefiera. O mejor: mire de tomar, de cuantos rostros bellos es capaz de recordar, las partes que sean buenas, de modo que vayan bien unas con otras…
BENEFACTOR
Entiendo (creo entender).
MAESTRO PINTOR
Imagínele unas rodillas, otros tobillos… o todos los tobillos: ¿por qué no imagínarle unos tobillos distintos cada vez?
BENEFACTOR
Eh… Claro: ¿por qué no?
MAESTRO PINTOR
Yo me pregunto, caro Signore, ¿por qué realizar una obra cuando es mucho más bello soñarla solamente?
BENEFACTOR
No lo olvide, maestro: ¡nuestras manos!
MAESTRO PINTOR
¡Las manos, Signorotto, las manos…?
Vanse (cada uno por su lado). Se cierra el telón. Trasiego de gentes en la calle.