poderna

3 de febrero de 1986

…y se apagaban las luces, ya. Él no tenía que abrir los ojos legañosos para saberlo. El viejo de la calavera se lo había dicho al hombre del coche, la última vez que se habían visto. Éste no nos dura ni una luna, «larvæ, larvæ, larva...

13 de enero de 1986

La Concha (aquella mañana clara del lunes trece de enero de 1986) estaba alegre porque sí. Que su amante, el Carlos, se hubiese comportado como un caballero y se hubiese pasado la noche en el sofá del salón (con un ojo abierto y un...

CANTO XXXIX

Como Novalis mira absorto una noche de dientes,

Hölderlin quema versos en la pira de Grecia

y Espronceda es un muerto, un cadáver en la plaza del pueblo.

Legión de Prometeos armados con cerillas

que se sube a los postes de la luz.

En un rincón cualquiera de Turingia Schopenhauer incendia contáiners...

CANTO XXX

Dulces están las uvas

en la más alta parra.

Dulces están las uvas,

¿Qué mano las llevara?

Cantan las viñas detrás del almiar

y canta Ihssane desnuda las vendimias

del cuerpo de su amado que, de pronto, turbado,

escupe balbuceos sin orden ni concierto:

“Debemos irnos, vida, mi hermano ya,

no me puedo quedar, el...

CANTO XXXI

Canta Ulises sin barcos una galerna de horas sin destino,

Ulises sin sirenas sin cantos en la costa.

Malla espera al heraldo del Abad, espera las noticias de sus hijos,

echados a los cantos sin caminos, los cantos de las gentes.

Seiku espera en la cola del teléfono,

espera en una cola...

El misterio de Sant Mena

Reja, Paseo del castillo de Sentmenat, 2011.

Elegía de terror.

16 de enero de 1986

La desaparición del Edu le pilló tomando un café en el claustro de profesores, poco antes de las ocho y media de la mañana. La Carme se acababa de enterar hablándolo con sus padres por teléfono. Después de colgar, con el susto creciéndole por la cara, le...

11 de diciembre de 1985

Mientras los otros jugaban a la pelota como si no pasara nada en el mundo (lo que venía siendo su puto pueblo de mierda), el Míguel se castigaba la mollera a la sombra de un pino. Después de que vieran lo que había dentro de...

22 de noviembre de 1985

A la Toya le gustaba, sobre todo, saberse con el semen dentro. Ponía los pies en el aire y dejaba que el ruido se fuera apagando poco a poco. Acababan de follar después de toda una semana de duro trabajo. El Carles se había sentado a un...

19 de noviembre de 1985

La Loli, de vez en cuando, se giraba y le miraba a los ojos, por ver si seguía ahí, con ella. Iban cogidos de la mano por la calle, como dos enamorados. Cualquiera que los hubiese visto pasar habría pensado que eran una pareja de chavalitos alocados...

Historia del viejo del guardacantón

Bartholomaeus Anglicus, De propietatibus rerum en romance, Toledo, Gaspar de Ávila, 1529, detalle de la estampa del folio K4v, y Les bruixes catalanes, Los libros del cuentamiedos, 2009, grabado de la página 99.

Folletín donde se narra la vida del podernita Bonaventura.

Historia del viejo del guardacantón I

Amades, Costumari català, Barcelona, Salvat Editores, 1950, tomo II, página 217.

Bonaventura nació pobre. Fue en una mañana de primavera, en los tiempos en que se levantaban fábricas para el provecho de los hombres en los arrabales de la vieja Poderna. Lo recibieron con alegría. De tan buen humor estaba su padre, que tuvo la ocurrencia de...

Historia del viejo del guardacantón II-VIII

Bonaventura se levantó del catre y siguió a la Griteta hasta el dormitorio de su madre. Hiltrud estaba tumbada de costado sobre la cama de matrimonio y las sábanas y el colchón estaban manchados de sangre. Bonatrud lloraba en su cuna porque Hilventur lloraba en el suelo...

Historia del viejo del guardacantón II-V

Bartholomaeus Anglicus, De propietatibus rerum en romance, Toledo, Gaspar de Ávila, 1529, detalle de la estampa del folio K4v, y Les bruixes catalanes, Los libros del cuentamiedos, 2009, grabado de la página 99.

Durmieron. La vaca les permitió soñar hasta bien entrada la mañana. El gallo, no. El gallo era estúpido y cantó lo suyo al rayar el nuevo día. Hiltrud se levantó de inmediato. Dijo algo que tenía que ver con el pequeño Hilventur y dejó de ser...

Muerte del viejo del guardacantón

Hace días que el viejo no está en el guardacantón. Después de muchos años, la esquina está vacía. Diría que sola. L'Aleix piensa, al pasar por su lado, que el viejo estará metido en su cama, tapado con mantas y con algo de fiebre. Le imagina una...

L'herald de la Garriga

No era l’herald més ràpid,| l’herald de la Garriga,

prò era sabut dels nobles| que al Vallès no hi havia

missatger més fiable| ni amb més gallardia.

Les dames dels senyors| en sabien les mides

i li feien l’ullet| i, fins i tot, carícies.

Un senyor molt gelós| de la seva bonhomia

va...

La nena de la Porxada

Tots els dimarts una nena

apareixia a la plaça,

una minyona morena

que venia sens parada.

Al mercat portava cebes

i trenes d’alls o patates,

a la tardor moniatos

o també duia magranes.

Poca cosa que es venia,

aixís estava de magra,

i quan tot ja s’ho venia

als venedors ajudava.

Ningú del mercat sabia

d’on venia, on marxava,

prò sabien...

En Manelet, el curiós

En Manelet se’n va anar

als camps aquells on sembren

les sembradores del cérvol

un matí de primavera.

Ningú no gosava anar-hi

quan marxaven en filera:

“A sembrar només hi anem

les que’ns estem per casar.

Després vindran els mascles

i la terra els donarà.

Amb les banyes d’aquest cérvol

que la terra j’ha solcat;

amb les...

El forn de les bruixes

Paisaje Romancer

Era el forn de Sant Vicenç|allà al costat de la plaça.

Feien els millors croissants,|que millors no’ls fan a França.

A Mollet tots ho sabien,|a Mollet i a les contrades,

prò Forn de Sant Vicenç|la gent no l’anomenava.

Li’n deien Forn de les Bruixes|en honor de les germanes

que servien aquells dolços|i...

Noches en Poderna

Barroso, Tierra III, 2007.

Novela. Memoria de las pequeñas criaturas. Prosa de costumbres.

Anagnórisis de los dos amigos o El encuentro del bachiller Joan Pere con el Guiraut de la Escombrera

cavilaciones como las callejuelas aquellas. Tenebrosas, tortuosas, arcaizantes. Camina, sin embargo, porque, leyendo de mala gana cierto pliego que estuvo de moda hace ya unos años, ha dado con la manera de robarle un beso a su Aldonça: el bachiller Joan Pere necesita con urgencia un ejemplar...

El largo invierno del doctor Morros

Gotas de lluvia en el cristal de la ventana. El doctor Morros hace un rato que no lee. Sigue meditabundo. Le duele la res publica que a todos concierne. Mira las llamas de la hoguera en mitad de la plaza y se vuelve a cuestionar sus pasos...

Diálogo del Cisco y en Fageda a propósito de na Celia al pasar

La lumbre del crepúsculo deja un sabor dulce sobre los tejados de la vieja Poderna y el Cisco, por no oír más a la mujer, se sienta en el escalón de la puerta de casa a fumarse un pitillo. De vez en cuando, si el humo del...

Canción de la dulce Bertrana

Desque le hablara su padre muy serio, que busca no encontrar si anda por ahí con las amigas: «Niña, mira bien lo que te digo, que, viéndote crecer, temo no estar a tiempo de repetírtelo más que una vez… Una sola, y no más. Mira esta mano...

CANTO XLIV

Instauran en un círculo sagrado, un círculo de sillas,

la parroquia del Muelle y el evangelio negro de Nihil.

Alicia observa atónita a su amiga

que va a saltar arriba abajo arriba, que va a exponer su cuerpo y su vagina

a ese claustro de imbéciles capaces del sexo, gilipollas

discípulos del...

CANTO XXII

Ya caen de las higueras frutos picoteados:

María entre las sombras del día los recoge,

encelada en las sombras, recortada en las ramas.

Malla angosta sus ojos, busca en el horizonte

sobre las negras lomas las estelas por venir,

los siglos por venir, los futuros aviones.

CANTO IV

Subidos a la vieja higuera en busca

de higos tempranos o de verdes brevas,

su leche blanca, pegajosa y dulce.

Se balancean como simios jóvenes

bajo el crujido seco de las ramas.

En el Camí de Bandolers se espesa

una nube de polvo de caballos,

aprietan...

CANTO XXXIV

Ha aullado el ruiseñor

en la cumbre de Dédalo y la noche,

en la cumbre nevada del hiato y la ilusión.

Ha aullado un nicho de llanto y portazos de amor vencido en Creta.

Seiku escucha el desdén de Sofía caer en sus carnes de Ícaro,

en sus alas de Ícaro,

que ya...

La garganta de A

Mientras crecen tus barbas en un parque de San Francisco

viendo el trino de un pájaro y un verso,

tu editor suda rayas verticales, suda torsos y suda pollas en la instrucción

del fiscal del Estado.

El pobre ha cometido el craso error

de publicar un libro de poemas.

El juez escucha con...

D le escribe a su amada

La fantasía trajo con su tiento

la embriaguez que fue y ya se ha ido.

La sombra del amor, o su vestido,

puso su empeño, intentó su intento.

Y puede ser que no sea el momento,

aunque te lo parezca, nada pido:

te estoy besando un beso que no ha sido,

breve, imaginado como...

La leyenda de F

Quebrados de llorar, de tan cansados,

dejaron de mirar el campo inmenso

y retomaron el camino a casa.

Supo entonces que no regresaría,

paró sus pasos, se volvió un momento,

quería dar un último vistazo.

Lo acogió la ciudad en su bullicio,

el viejo río...

Las teclas de C

Un jinete polaco cruza el bosque

(los abetos altísimos de Schumann)

y cruza la espesura de la noche:

lleva un recado de Lodz a Varsovia.

Cruza piano plazas empedradas

con sordina de cascos y herraduras,

cruza vivace sendas insondables,

cruza y cruza una fuga sin retorno.

Égloga XIII

NEMOROSO

Se va el verano.

SALICIO

Se va el verano. Uno de tantos.

NEMOROSO

Para todos nosotros es el último.

SALICIO

Hasta el año que viene, Nemoroso.

NEMOROSO

No será más verano a nuestros ojos.

Miran con pasmo la hilera de nubes

que emigra largamente hacia el otoño.

Labios fruncidos y erizo...

Égloga VII

El verano arrebata los jardines

con su humedad plomiza y castradora,

unos largos jardines de cipreses

del chalet de los tíos de Silvano.

Las sombras del caviar y del champán

retozan al clamor del oropel,

y un banquete de cifras soberanas

(estatua griega y columnata blanca)

cubre la corte de perlas preñadas.

GAVILÁN

Pues no veas...

Égloga III

Noche cerrada, sudorosa y cálida.

Silvano y Gavilán en la penumbra

y de espaldas al mar, se van fijando

en las gentes que pasan de paseo

mientras esperan, con ansias, a Marco

recostados en hondas reflexiones.

GAVILÁN

Si hay que multar la contaminación

acústica, también la visual.

SILVANO

Tiene una órbita de canelones.

GAVILÁN

¡Arrg, s...

Égloga VIII

Bajo el suave rumor del aparato

de aire acondicionado, se pajea

Silvano, arrastrado en la corriente

de recuerdos, las nalgas y los pechos

de su querida amante, Galatea.

SILVANO

Cómo vibran tus pechos y tu boca…

¡Cómo entre las harinas y la mesa!

La mesa de amasarte la entrepierna,

tus tetas retozonas en harina…

¡Cómo la...

Romance imposible

Me dijiste en tu vernácula

tristes palabras de hiedra;

tristes, colgadas del muro

en tu vernácula lengua.

En aquel tiempo no pude

grabar en aquella piedra

algo más que nuestros nombres

durante la larga espera.

Hoy podrían ocurrírseme

—los años, la experiencia—

palabras, frases o...

Conciencia de objetor

En tu pecho recuerda mi mejilla

a menudo el fragor de la batalla,

ruido de cascos, silbidos de lanzas,

y la curva del cielo, otras noches.

Recuerda en el rumor de tus latidos

las hileras de cuerpos enfriándose,

gritando en la estocada con sus...

Miseria primera

Me hundo en este pozo de miseria,

la miseria diaria de los hombres.

Y me echas de menos, no me llames:

no quiero caridad, ni tu consuelo.

Me quiero hundir como la vida hunde:

solo, sin dignidad y sin remedio.

Así quiero esperar los tristes días,

Mañana

Hoy soy alegre porque sí, por ganas.

Mañana pisaré de nuevo el suelo.

¡Mañana! ¡Hoy enorme gozo último!

Últimas músicas. Últimos besos.

Devuélveme en tus brazos el crepúsculo,

ardan las naves, quememos el cielo.

Soplemos las estrellas de ceniza,

deshojemos las horas de lo eterno.

No...

Flor varia de leyendas

Puvis de Chavannes, Otoño, 1865.

Odre viejo de cuentos. Postales del barrio.

Planto del ogro

Cuenta (un papel, entre las páginas de un libro) que el cabrero, un pastor muy niño, llegó con su rebaño al monte las voces una mañana temprano. Fue al pie de un peñasco, al retiro de su sombra, donde gravaba un pedrusco que había de servirle de...

Balada de la gitanilla

Pasada la medianoche, su hermana volvía a escabullirse por el ventanuco del carromato: salía del catre con cuidado de no despertarla, caminaba de puntillas hasta los postigos, que estaban al fondo de la habitación, y, después de abrirlos de poco a poco, saltaba fuera. Caía en silencio...

Soliloquio de la odalisca

Hayez, Odalisca reclinada, 1839.

[…] a una tarde sin apenas tarde, se abre el cielo sin mundo y los dedos de los pies; si mira entre ellos, puede ver el contraluz de cúpulas y minaretes… El dorado inunda el firmamento. El dorado, más dorado, cae dentro —rendido, cuando no agotado— sobre...

Vida y obra de Ivan de Valachia

Chagall, San Marco y San Mateo, 1978, vidrieras inferiores.

Cuentan que Berzebuey, de camino a la India, topó con un burro en el que iban montados un buhonero y un aprendiz de astrólogo que decían ser los pasantes del famoso Ivan de Valachia del que tanto hablaban los libros. Mucho lo había escuchado: «como nació enano...

Algunas noches de julio

Barroso, Algunas noches de julio, 2019, en base a la «Vista de l'edifici» de Pladevall i Font de 1988.

Incluye tres capítulos de «Los misterios del castillo».

4

Le da los números de octubre-noviembre del 79 (los deja en la cama) y busca entre los vinilos de la estantería — más de cuarenta. Está todo Metallica: del Kill'em all al black álbum; está Maiden, Testament y las Peel Sessions de Napalm Death.

—¿Te ha molado?

Hace que...

1

Bajo un cielo de grises y azules, densos, apretados, la masa boscosa se estremece apenas ante la presencia de la tormenta (a lo lejos); por entre la verdura, muy espesa, serpea un camino de tierra y piedras: un único vehículo circula por él, lentamente, por causa...

6

Están sentadas en un banco de la plaza — la luz de la farola entre el verde de las ramas de dos falsas acacias; los columpios en sombra, muy quietos; la fuente grande abandonada a su silencio monumental; la pequeña, a un chorrito de agua, a un...

2

Abre la puerta: son la vero y la paqui.

—¿Está tu hermana?

—Sí, ahora sale.

La vero es su vecina del tercero primera; la paqui, una niña no tan niña del barrio: tienen que tener catorce — a la paqui, por eso, se le nota más, que las tiene más...

Llibre dels homes

De omine o Llibre dit dels homes, Poderna, Josep R., sine die.

Edición castellana del «De Omine o Llibre dit dels homes», Poderna, Josep R., sine nomine et sine die, a cargo de Ernesto Barroso.

El replà

Questión de amor de dos enamorados, Valencia, Diego de Gumiel, 1513, letra capital eme.

ostróse, no más» dijo. «Iba yo, venía ella… ya sabe usté cómo es ella… Traía, así, dos botellas de leche tibia, leche rebosante, y, nada, cruzamos las miradas y, en las miradas, como podrá imaginar, había algo más que mirares… Fue entonces que dejó las botellas en...

Sots feréstecs

Roís de Corella, Historia de Josef, Valencia, Alfonso de Orta, 1500, letra capital hache.

e sabido que te han crecido las tetas, que ya no queda nada de aquellos frutos tiernos, delicados, que tomara en tu pecho, que apenas recuerdas. He sabido que vives sola. Que ningún hombre, en todo este tiempo, ha querido ver la huella de mis manos en...

El mas vora l'estany

Aurem opus regalium privilegiorum civitatis et Regni Valentie, Valencia, Diego de Gumiel, 1515, letra capital pe.

aseaban al trote, adusto el señor en su cabalgadura, hacia ninguna parte, que aquel su latifundio, extensión inabastable, no era entonces más que llano quemado y cielo plomizo. Al fondo, una alameda, el olmo solitario que hindiera el rayo a un lado del camino, y un cortijo...

Les escales a la draperia vella: «s'hi fan draps vermells»

Roís de Corella, Historia de Josef, Valencia, Alfonso de Orta, 1500, letra capital e.

speraba sentado en los escalones del entresuelo, si no a oscuras, en la penumbra de pensamientos pegajosos e inquietudes tempranas. Daba vueltas a su gorra y, dando vueltas a su gorra, se afirmaba en su propósito de prometerle amor eterno. Podían casarse en un año: aunque seguía...

Nosotros. Ellos.

Barroso, Habitación, 2006.

Textos para una casete ochentera de grindcore.

Acto 25

Sólo la huella

de un pie descalzo

al final del pasillo.

Refiero su nombre

contra el aire

en bloque.

Acto 78

Cielo, de

blanco,

vacío.

Acto 62

paredes la

puerta

Acto 85

Busca en mi cielo otro cielo

que es suyo y que no está aquí

sino lejos. También ella

Jettel que te quiero Jettel

Garcilaso de la Perra, Jettel que te quiero Jettel, Cerdanyola del Vallès, La Cesura, 2011.

Obras casi completas de Garcilaso de la Perra. Edición a cargo de Ernesto Barroso.

'Cause today I've found my friends...

Falsa elegía del verano del noventa y siete.

El duende de Gallifa

Mala lluna. Recull de contes gòtics i altres fantasies, Sant Celoni, El molí vell, 2011.

De la antología «Mala lluna. Recull de contes gòtics i altres fantasies», Sant Celoni, El molí vell, 2011.